Es hora de reconvertir el uso del cannabis

Por: Iván de J. Guzmán López

Hace ya buen tiempo que el exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia Luis Pérez Gutiérrez (con su capacidad de visionar nuevos y promisorios escenarios para Antioquia y Colombia) viene proponiendo y sustentando en foros parroquiales, nacionales e internacionales, la necesidad de sustituir los cultivos de hoja de coca por marihuana medicinal. “Los cultivos de cannabis medicinal podrían darle a Colombia recursos de hasta 6.000 millones de dólares”, argumenta. Y propone que las más de 200.000 hectáreas de coca sembradas en el país, sean sustituidas por cultivos de marihuana medicinal.

En su concepto, “El mercado internacional de la marihuana medicinal es de 30.000 millones de dólares hoy, y viene creciendo al 20% anual, y si nosotros tuviéramos el 20% de ese mercado, serían 6.000 millones de dólares nuevos cada año que le entrarían al país”. Adicional, dice que “con ello se garantizarían tres millones de empleos en todo el territorio nacional”. La cosa suena bien.

Lo cierto es que desde que La Corte Constitucional despenalizó el porte de la mal llamada “dosis mínima” de alucinógenos, el consumo de la hierba se convirtió en deporte. El fallo dice que: “el porte de un gramo de cocaína y hasta 22 de marihuana, no se puede penalizar”. Es decir, su uso es recreativo, aunque con ello, los niños, los padres de familia y los ancianos, ya no cuenten con los parques para solaz y divertimento, porque los consumidores se los han apropiado. Y ni que decir de las calles (de muchas ciudades en Colombia), que se han convertido en fumarola eterna de marimba, sin importar el calentamiento global.

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La cosa va de mal en peor: las calles de Medellín, en especial el Centro (a mi juicio, “tierra de nadie” durante el día, y ni se diga en la noche), son ocupadas por los consumidores, hombres y mujeres por parejo, sin el menor respeto por los millones de transeúntes diarios, llámense niños, jóvenes, mujeres, niñas, adultos, ancianos, policía, alcalde, concejales, diputados, gobernador, sacerdotes o santos. Es decir, el “libre desarrollo de la personalidad” de estos chachos anula cualquier acción sobre ellos; prima sobre el derecho de la ciudadanía en general. Así, el derecho al libre desarrollo de la personalidad de los millones de padres de familia, adultos, niños, jóvenes y ancianos, incluyendo a las autoridades, desaparece por arte de magia y del decreto.

Según la Corte Constitucional, “se debe distinguir entre las conductas de narcotráfico y el porte de sustancias para el consumo personal. Este último comportamiento no debe afectar la salubridad pública, la seguridad pública y el orden económico y social, protegidos en las normas que penalizan el narcotráfico, en cuanto que se trata de una conducta que no trasciende el ámbito personal”. Legislación para Dinamarca y estamos en Cundinamarca, diría un ciudadano de los tantos vejados que viven en Medellín, Antioquia y Colombia.

Ante esta perla, debo acotar que las estadísticas demuestran que Colombia pasó de ser un país productor, a un país consumidor; que las calles de pueblos y ciudades está inundadas de consumidores a la vista y el olfato de todo el mundo, sin importarles a esos consumidores si están afectando la salubridad pública. Se nos olvida que la dosis personal proviene de jíbaros y distribuidores que andan bordeando la delicada cuerda del código penal, aunque se les ve frescos por parques, calles y plazas, porque saben que la sabia justicia colombiana anda maniatada y con tapabocas de distinta índole.

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Lo que La Corte no sabe, es que, según el doctor Juan Carlos Delgado, sicólogo y especialista en farmacodependencia, “un paciente adicto a la cocaína puede repetir la dosis mínima de la cual se está hablando, unas 6 ó 7 veces en el día. Lo mismo pasa con la dosis mínima de marihuana, planteada en 22 gramos, que equivaldría aproximadamente a unos 15 (¡!) cigarrillos del estupefaciente. Es decir, alguien podría drogarse 15 veces al día y estaría dentro de los límites permitidos”. ¿Es esto un sano liberalismo? ¿Es esto educación? ¿Es esto respeto por los millones (y las millonas, como dice Maduro) que no consumen y que no quieren ver a sus hijos en el infierno de la droga? ¿Es esto prevención? ¿Es esto educación?

No hemos podido controlar el uso “recreativo” de la cannabis en ningún espacio de nuestro amado territorio nacional, y como “toda situación por mala que sea es susceptible de empeorar”, según decían los buenos cronistas bogotanos de la época del impoluto, irresoluto e impávido José Manuel Marroquín (a quien le debemos la pérdida de Panamá), es bueno que le paremos bolas a un visionario como Luis Pérez, antes de que el espeso y maloliente humo de la marihuana, ahogue nuestros esfuerzos por llegar a la prosperidad y la paz. ¿Cierto alcalde?

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