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Hasta caminar es peligroso

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

Carlos Mario Cortes Rincon Humanismo y Educacion
Hasta caminar es peligroso

Resumen: Quienes vayan a visitar Medellín este fin de año, tengan mucho cuidado, aquí las motos circulan hasta por las aceras

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Doña Gloria murió arrollada por dos adolescentes en el barrio La Milagrosa de Medellín. La señora, de 70 años, salía de su clase de gimnasia cuando dos menores en una motocicleta a alta velocidad se la llevaron por delante mientras cruzaba la calle. Su muerte fue instantánea. La comunidad, enardecida, incendió la moto y golpeó fuertemente a los dos jóvenes infractores, ambos menores de quince años. Doña Gloria era una persona muy querida y reconocida en ese sector del oriente de la ciudad, por lo que el vecindario lamentó su deceso con profundas muestras de indignación.

Más o menos así lo leí en la prensa local hace un par de días, pero lo que le sucedió a Doña Gloria nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Como lo he contado en múltiples ocasiones, me gusta caminar y, aunque a veces uso el autobús urbano, prefiero desplazarme a pie. Resulta que esta misma semana, en un cruce peatonal que siempre transito con cuidado y por la respectiva cebra, un motociclista se pasó el semáforo en rojo y casi me atropella. No contento con eso, me lanzó una serie de insultos por haberle «estorbado» en su maniobra. La verdad, quedé estupefacto. Otros transeúntes me miraron asombrados, como diciendo con la mirada: «Siquiera no lo atropelló».

En Medellín, hasta caminar se volvió peligroso. Aunque las autoridades digan que todo marcha bien, eso es una completa mentira. En términos de movilidad, la ciudad es un caos total. Con decir que ya ni por la acera se puede transitar tranquilo; los andenes se convirtieron en la ruta diaria de motociclistas, ciclistas y usuarios de patinetas. Esa sensación de seguridad que daba andar por la acera ya no existe; de manera repentina, uno tiene una moto atrás y otra adelante, acelerando con fuerza para que nos quitemos del camino y dejemos de estorbar. Lo triste del caso es que, si algo sucede, como en el trágico hecho de Doña Gloria, los responsables son menores de edad y la ley los ampara y protege. Mientras tanto, las autoridades, ¡bien gracias! No se ven por ningún lado; ver a un agente de tránsito hoy en día es casi un acontecimiento extraordinario.

«Accidentes con borrachos y drogados dejan ya 13 muertos este año en Medellín», así tituló la prensa local (El Colombiano) el pasado 7 de octubre de 2026. El secretario de Movilidad de Medellín, general (r) Pablo Ferney Ruiz Garzón, explicó que «poco más del 60 % de las muertes registradas durante el fin de semana estuvieron relacionadas con conducir bajo los efectos de sustancias alcohólicas o psicotrópicas. Es una cifra preocupante porque encontramos que los casos con personas en estos estados aumentaron significativamente durante los fines de semana». En el informe de prensa, el funcionario detalló tres casos ocurridos en diferentes puntos de la ciudad, donde dos hombres y una mujer murieron en accidentes de moto con su estado de conciencia alterado por el licor o las drogas. No es mentira que nos invadieron las motos y, sobre todo, los conductores imprudentes que no respetan su propia vida ni la de los demás.

Debo aclarar que no me refiero a todos los motociclistas. Hay quienes son muy amables y respetuosos; me ha tocado ver a varios detenerse para ceder el paso a los peatones que intentamos cruzar la calle. Algunos se comportan como verdaderos caballeros, y sería injusto generalizar. Sin embargo, preocupado por el tema, me di a la tarea de consultar distintos medios y estadísticas, llevándome la sorpresa de que las mujeres están resultando ser más imprudentes que los hombres al volante. ¡Ojo, señoritas, que la vida es una sola y no tiene repuesto! Quienes vayan a visitar Medellín este fin de año, tengan mucho cuidado, aquí las motos circulan hasta por las aceras y los peatones, para evitar problemas, debemos cederles el paso libremente.

Convivir en la vía requiere comprender que la motocicleta no es solo un medio de transporte rápido o una herramienta de trabajo, sino una responsabilidad enorme frente a la vida propia y la de los demás. Ser un buen motociclista implica reconocer la vulnerabilidad de quien camina, respetar las normas básicas de tránsito —como el semáforo en rojo o el espacio sagrado del peatón— y asumir que llegar un minuto antes no vale el riesgo de cegar una vida o destruir una familia. La prudencia, la empatía y la sobriedad al volante son las decisiones diarias que marcan la diferencia entre transitar tranquilos o lamentar tragedias evitables.

Construir una mejor ciudad es una tarea colectiva que empieza por recuperar la cortesía y la cultura ciudadana en el espacio público. Ser un mejor ciudadano significa entender que las calles y las aceras nos pertenecen a todos y que el respeto mutuo es la base de nuestra convivencia. Si recuperamos la capacidad de cuidar al otro, de acatar la norma por convicción y de exigir a las autoridades la presencia y el orden necesarios, podremos devolverle a Medellín la tranquilidad de caminar por sus calles sin temor. Hasta caminar en Medellín es peligroso.

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Redacción Minuto30

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