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Golpe a los hogares

Por: Nicolás Pérez

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No es momento de subir el precio de los combustibles. El alza de las tasas de interés y el registro de inflación más alto en veinte años implica un golpe demasiado duro para las finanzas de los hogares que se puede agravar si los costos de producción del sector transporte se disparan por esta decisión.

Para entender lo que está sucediendo debemos devolvernos 15 años en el tiempo. En 2007 en Colombia se creó el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles -FEPC- para evitar que los incrementos en el precio internacional del petróleo afectaran la capacidad adquisitiva de las personas.

Básicamente, a través de este Fondo el Gobierno subsidia parte del valor de los combustibles cuando el precio del barril es alto. Una medida que permitió, por ejemplo, que mientras en junio de este año el galón de gasolina en Estados Unidos, donde no existen este tipo de subsidios, se ubicara en US$5, unos $22.000 aproximadamente, en Colombia ese mismo galón se vendía en un promedio cercano a los $9.000.

Es decir, por cada galón que se tanquea en el País el Gobierno está poniendo unos $11.000-$13.000. Algo que genera una lógica presión a las finanzas de la Nación, pero que es bastante útil para evitar que se dispare la inflación.

En efecto, contrario a lo que muchos dicen últimamente, el alza en el precio de los combustibles no afecta a las familias más ricas que tienen carros de lujo, sino a las comunidades más vulnerables, dado que el sector transporte es trasversal a todas las actividades económicas.

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Por mencionar un caso, todo el suministro de alimentos del País está sujeto a la capacidad de transportar estos bienes desde el campo hasta las plazas de mercado de las ciudades. Si la gasolina sube de precio los camiones tendrán que asumir mayores costos de operación que, al fin de cuentas, serán trasladados a los consumidores finales vía aumento de precio, toda vez que los transportadores no van operar a pérdida.

Una dinámica que se repite con todos los campos del mercado. Si las familias quieren comprar televisores, ropa, utensilios de cocina o la comida para la semana tendrán que destinar más recursos que antes. Algo que disminuye la capacidad adquisitiva de los hogares, a lo cual hay que adicionar el mayor costo que tendrán que asumir para tanquear los carros particulares.

Ahora bien, con esto no estoy diciendo que las finanzas del FEPC estén perfectas. La disparada que ha tenido durante los dos últimos años el precio del petróleo, que llegó a superar los US$100 durante varios meses, ejerció una presión adicional a este Fondo que incrementó su déficit, a tal punto que en 2021 este cerró en $14 billones y se estima que para fin de este año podría ascender a $34 billones.

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Claramente, esto implica que el Gobierno debe buscar recursos de manera urgente en el Presupuesto General de la Nación, lo cual ha llevado al Ministerio de Hacienda a decretar un alza en el precio de los combustibles de $600 hasta diciembre, de tal forma que los consumidores contribuyan a disminuir el referido déficit.

Sin embargo, a pesar que esta es la vía más rápida para lograr tal propósito, no es el momento adecuado para hacerlo, dado que la inflación a corte de agosto se ubicó en 10.84% y el Banco de la República acabó de aumentar las tasas de interés a 10%, lo que implica que a los colombianos les saldrá más costoso endeudarse a través de créditos hipotecarios, compras con tarjetas de créditos, etc.

En otras palabras, los hogares están asumiendo una fuerte carga económica por factores que no pueden controlar, pero que sí se agravarán si el precio de los combustibles aumenta.

En últimas, si hay un subsidio que es necesario mantener es este. Preservar precios bajos de los combustibles fortalece la competitividad del País y evita un incremento aún mayor en el costo de vida de los colombianos. Por eso, ojalá que el Gobierno y el Congreso trabajen de la mano para encontrar las fuentes de financiación que permitan sanear el déficit del FEPC sin que los hogares terminen pagando los platos rotos.

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