Felipe de Edimburgo, el príncipe griego que renunció a su título heleno

felipe de edimburgo
EFE/EPA/ANDY RAIN

El Palacio de Mon Repos es hoy tan solo un museo, el Museo de Paleópolis de la isla griega de Corfú. En junio hará un siglo que este histórico edificio, entonces residencia de verano de la familia real griega, viera nacer a Felipe de Grecia y Dinamarca.

En este mismo lugar, Sofía de Grecia estrechó su noviazgo con el entonces príncipe Juan Carlos, que había sido invitado a pasar junto a su familia el verano en el palacio real heleno, cuando la monarquía en Grecia todavía no había caído y el rey Constantino aún no se había visto obligado a abandonar el país.

La dramática historia de Felipe de Edimburgo

Los vaivenes de la casa real griega fueron muchos a lo largo del siglo XX y el entonces príncipe Felipe de Battenberg (luego Mountbatten) tan solo sería uno de los protagonistas, y aunque sus raíces griegas son menos conocidas que las alemanas, no por ello son menos convulsas.

Felipe de Edimburgo, sexto hijo y único varón del príncipe Andrés de Grecia y la princesa Alicia de Battenberg, nació en ese palacio el 10 de junio de 1921, adonde se había trasladado su familia tras la muerte del Rey de Grecia Jorge I, en 1913.

Su estancia en esta isla y en el país heleno fue corta, pues cuando tan solo contaba 18 meses, su padre tuvo que abandonar Grecia después de ser condenado a muerte al ser considerado uno de los principales responsables de la desastrosa campaña del Ejército heleno en Turquía.

Ante la presión del Reino Unido, la pena no fue ejecutada a condición de que Andrés de Grecia se exiliara del país para siempre.

Tras pasar unos años en Francia, la familia se comenzó a dispersar. Él se fue a estudiar a Inglaterra y todas sus hermanas se casaron con príncipes alemanes, con dos de los cuales Felipe se enfrentaría durante la Segunda Guerra Mundial.

Quizás aún mas dramática fue la historia de su madre, la princesa Alicia de Battenberg. Sorda desde los cuatro años fue tratada de autismo, porque nadie reconoció lo que le estaba pasando. Mientras tanto, la joven aprendió ocho idiomas mediante lectura labial.

En 1902 conoció al Príncipe Andreas, con quien contrajo nupcias un año después en la ciudad alemana de Darmstadt, antes de establecerse en los palacios reales de Grecia.

Durante las Guerras de los Balcanes (1912-1913) trabajó como enfermera voluntaria de la Cruz Roja, pero después de su marcha a Francia, su situación volvió a caer en picado. Su relación con el príncipe se deterioró hasta tal punto que fue internada en un sanatorio después de que Sigmund Freud le diagnosticará una esquizofrenia y la sometiera a electroshocks.

Cuando finalmente salió del sanatorio, se separó de su marido y regresó a Alemania.

Mientras, Felipe estudiaba en Inglaterra, en Francia y en Alemania, y a sus 18 años, entró en la Armada del Reino Unido.

Poco después de alcanzar la mayoría de edad y tras enterrar a una de sus hermanas, los caminos del futuro duque de Edimburgo le volvieron a llevar a Grecia con la intención de vivir con su madre que había vuelto a ese país un año antes para trabajar con los pobres.

Solo pudo estar un mes con ella pues su tío, el rey Jorge II de Grecia, le pidió que regresase al Reino Unido y continuase su servicio en la Royal Navy.

Ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial sirvió primero en el acorazado HMS Ramillies en el océano Indico y, tras la entrada de Grecia en la guerra, en octubre de 1940, en el acorazado HMS Valiant en el Mediterráneo.

Mientras tanto, su madre continuó en la Grecia ocupada por la Alemania nazi. Después de la liberación, la princesa siguió trabajando décadas como monja e intentó establecer un monasterio en la localidad griega de Tinos.

Finalmente, en 1967 el príncipe de Edimburgo la trasladó al Palacio de Buckingham, donde fallecería dos años después.

La historia griega de Felipe concluye el 21 de noviembre de 1947, antes de casarse con Isabel II, cuando renuncia a su título real heleno, toma el apellido de la familia de su madre (Mountbatten) y se convierte en ciudadano británico.

En la Grecia postmonárquica, los mensajes de dolor han sido hoy exiguos: la presidenta de Grecia, Katerina Sakellaropolu, envió su pésame a través de Twitter, unas condolencias a las que se ha sumado el presidente del Parlamento griego mediante una nota en nombre de todos los diputados.
Atenas, 9 abr (EFE).

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