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Estandartes de guerra, banderas de paz

Por: Albert Yordano Corredor Bustamante

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Mientras en la Vieja Europa los intereses económicos enfrentan pueblos y naciones, en América Latina le apostamos a la construcción de paz y la prevención de conflictos.

Tristemente, mientras escribo estas líneas, se cumple un mes desde que inició el conflicto entre Rusia y Ucrania. Aunque las antiguas naciones que conformaron la Unión Soviética alcanzaron su independencia en 1991, la amenaza de un renovado expansionismo ruso nunca se alejó de sus fronteras. Hoy, la realidad de la guerra golpea esas naciones.

Europa Oriental vivía una tensa calma luego de la anexión de Crimea en 2014. Por esos años, en nuestro país se adelantaban las negociaciones que llevarían a los Acuerdos de Paz de 2016. Hoy, cinco años después, podemos decir que en Colombia confiamos en que la paz sí es posible y las cifras no mienten.

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La mayoría de excombatientes –de ambos bandos– le han cumplido a la paz, creando empresas y proyectos de emprendimiento en varios sectores de la economía, generando alternativas productivas y fuentes de ingreso para sí mismos, sus familias y sus comunidades. Hoy tenemos 13.000 personas en procesos de reincorporación y 3.575 proyecos productivos aprobados que benefician a 7.600 excombatientes.

Esto ha sido posible gracias a las oportunidades de capacitación y educación relativas al negocio del café, la producción de cerveza en el Tolima, apicultura en Nariño y tejidos de fibra de caña, entre otros. Y aunque a la implementación de los acuerdos no le faltan detractores en nuestro propio país, la ONU y la comunidad internacional han aplaudido los esfuerzos del gobierno nacional en su apuesta por la paz.

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Prueba de ello es que regiones antes asoladas por la violencia hoy cimentan las bases para su progreso y desarrollo. En todo proceso de desmovilización y desarme habrá coletazos, reductos y disidencias, y las reformas estructurales (políticas, económicas y sociales) necesarias para evitar nuevos ciclos de violencia tomarán tiempo, pero mucho hemos hecho para reconstruir nuestro tejido social. Porque en Colombia sí aprendemos de los errores ajenos y le apostamos a la paz.

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