La Procuraduría estuvo en ocho estaciones de policía, tres URI y en la Picota, revisando las condiciones en las que viven los presos.
Para la sorpresa de la entidad, los reclusos viven en precarias condiciones, la mayoría de los detenidos duermen en lugares improvisados con colchonetas, hamacas u otros artículos; además, se encontró que no hay unidades sanitarias suficientes para la totalidad de las personas recluidas en estos lugares.
El servicio de alimentación es entregado en cantidades insuficientes y que, además, puede representar un riesgo a la salud para los privados de la libertad; y se comprobó, a su vez, que algunos alimentos son entregados en estado de descomposición.
Algunas de las enfermedades que sufren los presos son tuberculosis y leptospirosis, enfermedades que son contraídas en estos sitios, dado a que el acceso al sistema de salud es precario e insuficiente para los reclusos, no hay acceso a los medicamentos y a los tratamientos es otra de las condiciones insalubres.
La Procuraduría también confirmó una importante falta de acompañamiento y capacitación a los guardas de los reclusos, que están en exposición diaria a ataques, enfermedades, desgaste físico y psicológico; además, de verificar que están asumiendo responsabilidades ajenas a lo establecido por la ley como suministrar medicamentos y asegurar el acceso a audiencias.
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