Más de 15 personas fallecieron en Marruecos al ser aplastadas y asfixiadas por una multitud, en medio de una entrega de paquetes de comida donados por un benefactor. Todas las víctimas fueron mujeres, indicó la prensa local.
Cada paquete de ayuda alimentaria tenían un valor de 150 dirhams, unos 14 euros, asegura hoy el diario Ajbar al Yawm.
Los paquetes contenían varios kilos de harina, azúcar y una botella de aceite, y habían sido preparados por un religioso llamado Abdelkabir Hadadi, originario de la misma región donde se encuentra Sidi Bulilam, escenario de la avalancha humana.
Añade que el elevado número de muertes se debe en parte a que las ambulancias no pudieron llegar, o no en número suficiente, y hubo que trasladar a los heridos más graves en helicópteros hasta Esauira, el hospital más cercano, a unos 50 kilómetros.
El mismo diario dice que había unas 1.500 personas agolpadas frente al hangar donde se iba a distribuir la ayuda, que forzaron la verja de entrada y entraron en tromba, momento en que algunas cayeron al suelo y fueron aplastadas por la masa.
Por su parte, el rotativo Asabah añade que en el tumulto producido por la avalancha se registraron además dos intentos de violación, y asegura que hay un bebé entre los muertos.
La distribución de alimentos estaba siendo organizada por Hadadi, quien se encontraba en la azotea del hangar tomando imágenes de lo sucedido y que supuestamente huyó tras la tragedia, siendo activamente buscado por la policía.
Varios medios aseguran que operaciones similares de reparto de alimentos son organizadas cada año en ese mismo lugar y que la de ayer contaba con la presencia de gendarmes y de fuerzas auxiliares, pero por razones desconocidas la organización falló y los agentes se vieron desbordados.
Hay una doble investigación en marcha, una penal ordenada por la Fiscalía y otra administrativa organizada por el ministerio del Interior, que por su parte ha prometido mantener informada a la opinión pública sobre “todas las conclusiones y las medidas adoptadas” a su término.
El representante de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en Marrakech, Omar Arbib, dijo que ese reparto de alimentos se organizaba por quinta vez en ese lugar, y que estaba previsto que alcanzase a 2.500 beneficiarios.
Arbib dijo sospechar que tras esa operación benéfica existen “fines políticos de explotación de la miseria”, concretamente de grupos de ideología islamista, y exigió al Estado que asuma sus responsabilidades en la lucha contra la pobreza, en lugar de dejarla en manos de benefactores.
Añadió que el pueblo donde sucedió la tragedia no está en una región montañosa o aislada, y sin embargo, “ese poblado y toda su región carecen de todo tipo de infraestructuras, ya sean escuelas, hospitales o carreteras”, mientras que el hospital más cercano, en Esauira, también carece de algunos de los equipamientos más básicos.
Las muertes de ayer han puesto al descubierto la pobreza existente en numerosas zonas rurales de todo Marruecos: el organismo estadístico oficial Alto Comisariado para el Plan (HCP) señaló el pasado mes que hay en Marruecos 3,9 millones de personas aquejadas de “pobreza multidimensional”, casi todas ellas en regiones rurales.
EFE.
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