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EN VIDEOS: ¡Estaban acabando con todo! Cayó una red criminal que se dedicaba a vender animales en vía de extinción por WhatsApp

Las autoridades del país dejaron en evidencia una banda criminal dedicada a la crueldad animal como negocio que atenta contra la biodiversidad y el sostenimiento de los recursos naturales. Se trató de una acción investigativa articulada por la Fiscalía General de la Nación, a través de la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos […]

Publicado por: Minuto30.com

Las autoridades del país dejaron en evidencia una banda criminal dedicada a la crueldad animal como negocio que atenta contra la biodiversidad y el sostenimiento de los recursos naturales.

Se trató de una acción investigativa articulada por la Fiscalía General de la Nación, a través de la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos, y la Dirección de Protección y Servicios Especiales de la Policía Nacional (DIPRO).

Según detalló el ente, la fauna nativa y algunas especies exóticas eran ofrecidas y comercializadas por WhatsApp, y transportadas por carretera a diferentes ciudades del país y el extranjero, como si fueran artículos comunes de uso y servicio.

Para poner en evidencia esta actividad ilícita, la Fiscalía y la Policía acudieron por primera vez a la figura del agente encubierto. En una labor paciente y sigilosa se logró ingresar a dos grupos cerrados de mensajería instantánea, en los que sólo se permitía la entrada de personas referidas.

‘Faunatic’ y ‘exotic Colombia’, cómo se hacían llamar estos chats, estaban conformados por máximo 12 integrantes. Todos eran traficantes de fauna que, con seudónimos, vendían tigrillos, ocelotes, venados, búhos, serpientes, tortugas, guacamayas, monos, babillas y múltiples especies de la biodiversidad nacional, la gran mayoría en peligro de extinción.

Asimismo, se comprometían a conseguir lagartos y otros tipos de reptiles exóticos.

ASÍ FUE LA CAPTURA:

Los interesados debían pagar un abono por transacción virtual y los animales les llegaban por encomienda, en buses de servicio público. En el curso del proceso, se acreditaron 14 ventas y entregas efectivas en Bogotá y Soledad (Atlántico). En estos casos, los animales fueron rescatados y puestos a disposición de las autoridades ambientales.

El abundante material de prueba, entre conversaciones y vídeos, permitieron identificar y capturar a cuatro de los presuntos traficantes de fauna. Las diligencias se cumplieron de manera simultánea en Bogotá y Cartagena.

Una fiscal de la Dirección Especializada contra las Violaciones a los Derechos Humanos les imputó los delitos de: ilícito aprovechamiento de los recursos naturales y daño a los recursos naturales.Tres de los procesados aceptaron los cargos.

Los detenidos son:

  • R. Cruz Romero, conocido como ‘Ojitos’ o ‘Emmanuel’.
  • Sebastián B. P., ‘Sebas’ o ‘Andrés’.
  • Alfonso Mauricio T., ‘Miguel’.
  • Jeisson Humberto T., ‘Ángela’.

La ruta del tráfico de especies

La investigación permitió conocer que algunos de los traficantes contactaban redes de cazadores, que se encargaban de extraer especies jóvenes de la depresión momposina, entre los departamentos de Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre, y de otras zonas de la Costa Atlántica.

Luego de ser ofrecida la fauna en los grupos de WhatsApp, los animales eran preparados. Por ejemplo, a las aves les cortaban las alas y a los mamíferos los amordazaban y amarraban.

Posteriormente, eran camuflados en cajas a las que les abrían huecos para permitir la respiración de las especies y, con la aparente connivencia de algunos transportadores, los enviaban entre buses de servicio público. La mayoría de las entregas se hacía en Barranquilla y Soledad (Atlántico), Bogotá, Cali, Medellín y Cartagena.

Daño irreparable
Los elementos de prueba dan cuenta de que, en los grupos de WhatsApp, una babilla costaba $100.000, una guacamaya $700.000, un mono tití $900.000 y los tigrillos y otros mamíferos casi $1’300.000. Estos valores son irrisorios frente al enorme daño que ocasiona el tráfico de fauna.

Las autoridades ambientales y ONG ambientalistas que acompañaron la investigación señalan que las especies cazadas, por la corta edad, no podrán retornar a su hábitat. Además, por las modificaciones físicas a las que fueron sometidas muchas quedan lisiadas de por vida.

A esto se suma que el gran porcentaje de animales comercializados está en riesgo de extinción.

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Redacción Minuto30

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