Las calles estaban inundadas después del gran aguacero que había azotado Bogotá. Salí de la funeraria donde solo se respiraba soledad y tristeza y donde horas antes los familiares de doña Ana la cargaron en medio del dolor y la tristeza.
Su corazón se detuvo después de ese largo trajinar de la vida dedicada a sacar a su familia adelante. Me asomé al espejo, me lave la cara, y salí. El reloj marcaba las doce de la noche. De un momento otro un viejo y destartalado bus se apareció y ahí me dirigí a la casa.
Sillas viejas desoladas y consumidas por el trajín del pasajero diario me acompañaban.
Era el Halloween y yo sin antifaz. De un momento a otro una pareja subió al bus, la mujer vestía de novia con máscara de muerte.
Su pareja vestido de color negro y con un antifaz de payaso maldito y con un perro Doverman, miraban por las ventanas los lugares de Ciudad Bolívar. Todo quedó en silencio y extrañamente el bus cambio de ruta y llegó al cementerio del sur.
” Dios me quedé solo qué susto, eran almas disfrazadas de humanos que tomaron transporte a su morada al campo santo. Me dormí y pensé que era un sueño, pero la verdad fue el susto de Halloween”, dijo Omar habitante de Ciudad Bolívar.
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