'Al Punto'

El sadismo del ELN

Por: Margarita Restrepo

La semana pasada, se conoció un video de la banda terrorista ELN en la que unos niños aparecen participando en un acto de celebración de esa organización.

Las imágenes que fueron grabadas en el departamento del Chocó -región brutalmente azotada por los grupos narcoterroristas- son una prueba más de la utilización que el ELN hace de los niños de Colombia.

Durante décadas, las Farc fue la estructura responsable del mayor número de reclutamiento forzado de menores de edad. Miles de niños fueron llevados contra su voluntad a los campamentos de esa organización terrorista.

Con ocasión del acuerdo de Santos con Timochenko, advertimos que la desvinculación de menores no estaba clara. Nadie nos quiso o pudo dar respuesta. A pesar de que se trataba de miles de casos, la guerrilla -con la complicidad del gobierno, particularmente del excomisionado Sergio Jaramillo- salió con la increíble versión de que ya se habían devuelto un par de decenas de menores.

La pregunta que muchos nos hicimos, fue ¿dónde estaban los demás? Temimos lo peor. Surgieron versiones de que los cabecillas de los distintos frentes y cuadrillas de las Farc habían procedido a esconder, vender o desaparecer a los menores que tenían en su poder. El objetivo evidente de las Farc era el de “tapar”, al precio que fuera, el crimen de lesa humanidad que cometieron.

Colombia es el país del hemisferio occidental con más niños reclutados por grupos ilegales. Sin las Farc -formalmente- en el panorama, los menores empezaron a ser reclutados principalmente por el ELN y las “disidencias” de la guerrilla comandada por alias Timochenko.

Celebro la decisión adoptada por el presidente Iván Duque de suspender los diálogos con el ELN, organización que no ha suspendido sus acciones terroristas. También aplaudo la decisión del tribunal de Bogotá que negó la ridícula acción de tutela impetrada por Iván Cepeda y Álvaro Leyva, con la que buscaban obligar al gobierno nacional a depositar en el consejo de seguridad de la ONU, los acuerdos a los que llegó el gobierno anterior -el de Juan Manuel Santos Calderón- con la guerrilla que comanda el jefe terrorista, alias Gabino.

La política de paz y las relaciones internacionales son responsabilidades y funciones que le son propias al presidente de la República. Entiendo que Leyva y Cepeda, tan entusiastas de la impunidad, quieran presionar a Iván Duque para que replique el modelo de claudicación utilizado por Santos con las Farc.

Que se olviden. El presidente Duque tiene una posición clara y coherente frente a los grupos armados ilegales. Mientras persistan en el terrorismo, el narcotráfico, la violencia, los secuestros y el reclutamiento de menores, no hay nada de qué hablar.

Los diálogos serán posibles en un entorno de tranquilidad, fruto de un cese total y unilateral de las acciones hostiles. Mientras ello no ocurra, lo que corresponde es el uso de la fuerza para contener y derrotar a los criminales.

Me parece inadmisible que siga habiendo personas que insistan en una negociación con la banda criminal, ELN, una organización que ha dado sobradas muestras de sadismo. La más reciente, esas imperdonables imágenes de unos niños pequeños obligados a organizar un festejo de esa organización al margen de la ley. Aquel que no se haya escandalizado con esa escena, o es indolente, o es un vulgar cómplice de ese grupo ilegal.



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