Resumen: Un apagón a finales de 2026 sería infinitamente más devastador que el racionamiento que vivió Colombia a principios de la década de los 90
El operador del Sistema Interconectado Nacional, XM, que es, básicamente, la empresa que se encarga de coordinar y vigilar que la luz llegue a todo el país, ha encendido las alarmas con una advertencia seria: los colombianos estamos consumiendo energía mucho más rápido de lo que el país es capaz de producirla. Para ponerlo en cifras, los expertos estiman que entre 2026 y 2027 nos va a hacer falta un «hueco» enorme de energía (exactamente 3.906 gigavatios hora al año, lo que equivale al consumo de luz de millones de hogares juntos). Esta preocupante escasez se debe a que las grandes obras de cables y plantas eléctricas están retrasadas ya que no se tomaron decisiones a tiempo, lo que nos pone ante un riesgo real de sufrir apagones y cortes de luz programados si no empezamos a actuar ya.
La situación se complicará aún más durante los próximos meses. XM estima que existe un 63% de probabilidad de que el fenómeno de El Niño golpee con una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Si este escenario se concreta, las temperaturas se dispararán, las lluvias escasearán y los embalses caerán a niveles críticos, al mismo tiempo que los ciudadanos encenderemos más ventiladores y aires acondicionados. Actualmente, el sistema ya opera al límite, con 37 restricciones en estado de emergencia y 48 en alerta que podrían traducirse en cortes continuos del servicio.
Para entender la magnitud del problema, un apagón a finales de 2026 sería infinitamente más devastador que el racionamiento que vivió Colombia a principios de la década de los 90. Hace más de tres décadas, el país tenía menos habitantes, la producción industrial era menor y nuestras vidas no dependían de la tecnología. Hoy, la población ha crecido, la economía es más activa y casi todo lo que sostiene nuestra rutina, desde el teletrabajo y la educación hasta las transacciones bancarias, el internet y los teléfonos celulares, depende exclusivamente de un flujo eléctrico constante.
Piense por un momento en lo que pasaría dentro de su propio hogar si la luz se corta por varias horas. Aunque afortunadamente muchos hogares cuentan con gas natural para cocinar, el verdadero caos hoy sería invisible pero psicológico. Vivimos en una sociedad hiperconectada y profundamente adicta a las pantallas; un corte de energía prolongado dispararía de inmediatos escenarios de altísimo estrés, ansiedad y desesperación al dejarnos incomunicados, sin entretenimiento y con las actividades laborales y académicas completamente paralizadas.
Ante esta realidad, los expertos coinciden en una advertencia urgente: no podemos darnos el lujo de esperar a que comience la sequía extrema o a que el sistema colapse para empezar a reaccionar. Es una costumbre muy colombiana la de tomar medidas solo cuando la crisis ya nos tiene con el agua al cuello, pero esta vez el margen de error es cero. La única manera de mitigar el impacto de este déficit energético es anticiparnos y comenzar a ahorrar electricidad desde hoy mismo, convirtiendo la prevención en un hábito diario.
Por supuesto, la responsabilidad no es solo de los ciudadanos. El gobierno entrante tiene la gigantesca tarea de asumir el liderazgo que el gobierno saliente descuidó, tomando acciones políticas y técnicas urgentes para asegurar que la infraestructura responda y que el país no reviva la pesadilla de hace 30 años. Sin embargo, mientras las grandes decisiones macroeconómicas se toman en los ministerios, la gestión del día a día y la mitigación del riesgo inmediato están en manos de los diferentes sectores y de las lecciones aprendidas que nos dejaron los fenómenos de El Niño del pasado.
La solución empieza en su propia casa y con decisiones tan simples como apagar las luces de las habitaciones vacías, desconectar los cargadores y electrodomésticos que no esté usando, y aprovechar al máximo la luz natural. Reducir el consumo de energía hoy no es solo un acto de conciencia ambiental o un alivio para su bolsillo; es una medida de supervivencia colectiva para proteger la estabilidad de nuestros hogares. No espere a que llegue la escasez: cambie sus hábitos de consumo ahora y ayude a apagar el riesgo de un nuevo apagón.
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