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Opinión

El desarme de un Nobel de paz desesperado

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beatriz campillo

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Para nadie es un secreto que al presidente Juan Manuel Santos se le es difícil gobernar Colombia, la inconformidad frente a su gestión es sentida por diversos sectores de la sociedad y no solo por el uribismo (como erróneamente se ha querido mostrar), según la encuesta Gallup de junio de 2017 la gestión del presidente solo la aprueba un 24% de los colombianos, mientras que “Yanhaas Poll” en mayo hablaba de una aprobación del 14%.

La verdad es que la coherencia no ha sido lo suyo y esto genera una altísima desconfianza, en efecto entre algunos sectores se conoce como el gobierno del “sí, pero ya no”, debido a que ha tenido que retroceder más de una vez decisiones y los mensajes que emite son confusos, baste recordar su promesa de continuar con la política de seguridad democrática en 2010 para luego hacer un giro y negociar con las FARC; la promesa de no subir impuestos para luego hacer una reforma tributaria que afectó la economía de los colombianos, en contraste a la creciente corrupción (el escándalo de Odebrecht -del que ya poco se habla-, pero también el derroche, los contratos millonarios “por la paz”, y la “mermelada” en nombramientos y dádivas que debilitaron la institucionalidad estatal); o la promesa de someter a plebiscito los acuerdos con las FARC y en caso de perder renunciar a su cargo, para luego al enfrentarse al escenario donde triunfó el “No” el 2 de octubre y lo que hizo fue seguir gobernando como si no hubiese pasado nada y buscar vías alternas para implementar dichos acuerdos de espaldas a la voluntad popular.

Obviamente a todos estos ires y venires hay que sumar el episodio muy desafortunado de la venta de Isagen casi que sin ningún tipo de apoyo; la reciente afrenta a Antioquia con el tema de Belén de Bajirá; y los múltiples paros que le ha tocado vivir, de los cuales por supuesto quedará para la memoria su frase célebre de “el tal paro no existe” o la respuesta a los maestros que generó muchos memes pues probablemente sea el primer nobel de paz que haya dicho que no hay dinero para la educación. Pero el suceso más reciente y de mayor importancia fue el anuncio del desarme de las FARC, un hecho que genera tantas preguntas que hasta mereció incluso un artículo extenso por parte de la BBC preguntándose “¿Por qué no hay euforia en Colombia con la entrega de armas de las FARC?” (27 de junio).

Lastimosamente Colombia pasó de un presidente que estaba desesperado por ganar el Nobel, a un Nobel desesperado por intentar recuperar las riendas del país y conquistar la favorabilidad a como dé lugar, le queda muy poco tiempo para mostrar resultados, lo que lo ha llevado a hacer lo mismo que hacen los políticos irresponsables que quieren pasar a la historia poniendo placas sin terminar las obras; de momento los aplauden, se toman la foto y a los años hay que volverlas a hacer o invertir más porque no estaban bien hechas, todo por el afán de figurar. Mas o menos ese fue el efecto mediático que se intentó con este desarme.

Por más que quieran dar partes de tranquilidad y generar confianza la verdad es que las cifras no dan. A quién le cabe en la cabeza que el mismo presidente informe que existe un inventario de 14.000 armas, después se entregue la mitad y se afirme que es el 100%. ¿dónde se ha visto que se haga un inventario y se pierda la mitad?, ¿a quién se le cree?

Pero el punto de desconfianza acaba de ser mayor después de que Pastor Álape del secretariado de las FARC afirmara en febrero que “EL 100 % de las armas de las FARC salieron de la confrontación”, y el 20 de abril el ministro de defensa informara que se halló una caleta en el Putumayo con “54 fusiles, 6 ametralladoras, 2 Sub ametralladoras, 3 lanza granadas, 3 morteros, 15 granadas, 100 kilos de pentolita, 200 minas antipersona, entre otros” (Elheraldo.co). A lo que Timochenko en ese momento respondió que existían alrededor de 900 caletas. ¿qué confianza puede haber cuando hay frentes que dijeron no querer desmovilizarse y encima ya le empiezan a salir herederos como el MRP?

Las redes sociales en estos días no han parado de cuestionar el desarme y lo más curioso es que lo han hecho comparando los Tweets de cuentas oficiales de presidencia, el ministerio y la ONU. Como también algunos reportes de noticias de un par de años atrás donde aparecían unas cifras que distan mucho de las presentadas ahora. Uno de los videos que se ha hecho más viral es un reporte presentado por Noticias Caracol el 11 de noviembre de 2015 donde se hablaba de unas “5 armas por combatiente”, de hecho el titular de la noticia era “Las FARC tendrían en su poder unas 30.000 armas, según cálculos de las FF. AA.”, lo que lleva a pensar entonces que se tendría que haber dado una incautación de armas enorme para que ahora estuviéramos en esa cifra de 7.132, que de ser cierta tiene toda lógica la pregunta que algunos formulaban en redes sociales ¿por qué se les dieron tantos beneficios si lo que quedaba por quitarles de armas comparativamente era tan poco?

Llama la atención del informe que en él se hablaba hasta de misiles portátiles antiaéreos, armamento del que hoy poco se menciona. Pero sobretodo aparecía una cifra que no hay que desestimar se informaba que desde el inició de los diálogos de paz en cuba hasta ese momento es decir desde “octubre de 2012 a noviembre de 2015 las FARC habrían adquirido entre 4.000 y 8.000 armas ligeras” (Caracol), es decir que también valdría preguntarse qué ha pasado de 2015 a 2017, y especialmente si en la entrega a la ONU entregaron las armas viejas o las nuevas, porque si la cifra de las siete mil fuera real comparativamente estaríamos hablando como si las FARC hubieran empezado a armarse cuando se sentaron a la mesa de diálogos lo cual es absolutamente falso.

Lo curioso es que de estos contrastes poco o nada se habla en los medios de comunicación tradicionales, aunque fueron ellos mismos quienes presentaron el informe en su momento porque era importante mostrar que se estaba haciendo la paz con un grupo muy bien armado. No hay que olvidar que entre esas anécdotas del Nobel ha habido giros tan extraños como pasar de un estrecho vínculo con los medios de comunicación -donde muchos de ellos durante épocas de campaña (tanto en la reeleccionista, como la del plebiscito) fueron la voz del gobierno olvidando la verdadera labor periodística como lo denunció Juan Gossaín-, a responsabilizarlos ante los empresarios del pesimismo económico que se tiene en el país.

Es posible que no quieran arriesgarse a que se los culpe también a ellos del pesimismo que viven los colombianos frente a la paz, ya en otra ocasión Santos había solicitado que “desescalaran” el lenguaje, algo cercano a la censura de ciertas expresiones no favorables al gobierno, a lo mejor no quieren arriesgarse a ser llamados “guerreristas” y menos cuestionar a un organismo internacional.

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