Ankara, 29 oct (EFE).- "Si la República estuviera viva, hoy cumpliría 100 años", resume el diputado Sirri Süreyya Önder los sentimientos de gran parte de Turquía ante lo que debería ser una enorme celebración del primer centenario del país fundado en 1923 y parece quedarse en una ceremonia desganada.
Los fastos previstos saben a poco en un país habituado a ondear la bandera nacional por doquier, tocar el himno nacional en los colegios y castigar cualquier crítica al fundador de la República, Mustafa Kemal Atatürk.
Una exposición de pintura, sendos vuelos de exhibición de las fuerzas aéreas en Estambul y Ankara, un desfile naval por el Bósforo, un discurso de Erdogan y unos fuegos artificiales al anochecer apenas distinguirán el día de hoy de cualquier otra celebración nacional.
"En su 100 aniversario, la República no está dirigido por un Gobierno que haya asumido celebrarlo como lo merece", opina en conversación telefónica con EFE el socialdemócrata Tunç Soyer, alcalde de Esmirna, tercera ciudad de Turquía y principal feudo de la oposición laica.
Ni siquiera se ha invitado a jefes de Estado extranjeros, algo que ha causado "extrañeza" entre la comunidad diplomática de Ankara, asegura la prensa turca, dado que Erdogan gusta de rodearse de dignatarios foráneos en cualquier inauguración de un puente, un túnel o un aeropuerto.
La jura de cargo de Erdogan en junio pasado para un tercer mandato presidencial a la que asistieron 21 jefes de Estado y 13 primeros ministros, contrasta con la austeridad de los actos hoy.
Pero parece que para Erdogan, el histórico momento de 1923, en el que Atatürk declaró abolido el Imperio otomano y proclamó la República de Turquía, no es el nacimiento de una nación de la que sentirse orgulloso sino la muerte de un imperio al que añorar.
Ayer, ante la enorme manifestación a favor de Palestina en Estambul, Erdogan no mencionó siquiera a Atatürk, agradeciendo únicamente el "heroísmo" de quienes habían edificado la patria, "desde los selyúcidas (en el siglo XII) hasta los otomanos y la República".
Insistió en la responsabilidad de Turquía por Palestina porque al igual que Balcanes, Irak y Siria, Gaza había "formada parte de las tierras de la patria".
Aunque Erdogan nunca ha planteado formalmente un cambio de las fronteras actuales, a menudo ha denunciado la "pérdida" de las provincias otomanas en Oriente Próximo, Balcanes y África como un acto injusto de las potencias europeas para destruir la grandeza del imperio.
Esto choca frontalmente con la visión de Atatürk, quién proclamó una nación turca en Anatolia con la consigna de ser parte del conjunto moderno europeo, rompiendo vínculos con los territorios de habla árabe y rechazando la idea de una comunidad musulmana internacional.
Para muchos de sus seguidores, Erdogan es "el segundo Atatürk", por haber "elevado Turquía al nivel de las civilizaciones contemporáneas", como lo formuló el viernes pasado Hüseyin Yayman, diputado del partido islamista AKP, fundado por Erdogan, que lleva gobernando el país desde 2002.
Pero para sus detractores, la meta de presidente no es completar la obra del fundador de la República sino deshacerla.
En la visión de Atatürk, en la que se sigue reconociendo hoy día aproximadamente la mitad de la población turca, el Estado debe ser laico, sin permitir la intromisión de la religión en la legislación, y debe garantizar la igualdad de mujeres y hombres.
Erdogan, en cambio, ha rechazado expresamente la igualdad de sexos, con referencia a la "delicada naturaleza" de las mujeres, cuyo destino según el islam, asegura, es la maternidad.
Pese a la imposición a menudo autoritaria de las inmensas reformas sociales y políticas de Atatürk, su legado republicano y laico es para muchos turcos sinónimo de la democracia, al poner en el centro la ciudadanía, y no los valores divinos reivindicados por Erdogan.
Incluso la izquierda kurda, habitualmente muy crítica con Atatürk por equiparar la ciudadanía turca con la pertenencia a la etnia turca, pasando por alto la existencia de minorías, reivindica hoy la República contra el ideario de Erdogan.
"Para sobrevivir, la República fundada sobre los restos del imperio otomano multirreligioso y multiétnico, debería haberse coronado con la democracia, pero se está muriendo", subraya Sirri Süreyya Önder, diputado del partido izquierdista y prokurdo HEDEP, antes HDP, en conversación con EFE.
El politólogo Rashit Kaya, sin embargo, dice a EFE que "aún con el país en una profunda crisis económica, y con un Gobierno que no muestra el interés necesario en el centésimo aniversario, sigue habiendo en las masas del pueblo un entusiasmo por la República, pese a que ha sido erosionada desde arriba durante décadas".
Por lo pronto, promete Soyer, Esmirna celebrará el centenario "con el mayor coro popular de la historia para recordar que vivir en paz y libertad en este país solo es posible en una república laica".
Dogan Tiliç
Por: EFE
- Compartir:
- Compartir en Facebook
- Compartir en X (Twitter)
- Compartir en WhatsApp
- Comentarios