'Al Punto'

“El caso del INEM”

Por: Margarita Restrepo

Preocupan y angustian los actos de violencia que se están registrándose en algunos colegios de Antioquia como los hechos que se presentaron en el INEM José Félix Restrepo de la ciudad de Medellín, donde una niña luego de cortarle el pelo a una compañera, la apuñaló en repetidas ocasiones. Milagrosamente, la agredida no perdió la vida.

Sea lo primero recalcar que hacen mal los que han pretendido estigmatizar al INEM. La culpa de lo ocurrido no es de la institución educativa, ni de los profesores que allí trabajan.

Episodios como aquel, nos obligan a hacer una profunda reflexión sobre la crisis de valores que padece nuestra sociedad.

He sido informada de que en un colegio del área metropolitana de Medellín, la mamá de una estudiante, se encarga de reclutar niñas para introducirlas en una red de prostitución infantil. He solicitado más información sobre ese aberrante caso para efectos de presentar la respectiva denuncia con el fin de que las autoridades eviten que este hecho siga presentándose.

Es responsabilidad de todos nosotros impedir que la violencia siga tomándose los colegios. No podemos cruzarnos de brazos frente al grave problema que tenemos ante nuestros ojos. Por eso, el trabajo debe ser mancomunado. Las administraciones departamentales y municipales, están en el deber de trazar una política pública eficaz. Los profesores y directivos de los colegios, pueden ayudar mucho estableciendo mecanismos de alertas tempranas.

Pero la gran tarea está de nuestro lado, como sociedad. Debemos fortalecer la formación en valores. Desde el hogar, inculcar nuevamente el respeto por el otro. Ser tolerantes y capaces de hallar mecanismos civilizados para superar las diferencias y los conflictos interpersonales.

No hay razón que justifique que una niña pueda agredir con un puñal a una compañera suya. Eso no es admisible y tenemos que entrar a actuar para que acciones como esa no se repitan. Los colegios son lugares en los que se forman los ciudadanos. No pueden convertirse en antros en los que nuestros niños aprenden a delinquir.

Que sea esta una oportunidad para que entendamos que no podemos seguir permitiendo que nuestros niños crean que las diferencias y dificultades se solucionan asesinando al otro. El problema es de fondo y desafortunadamente se ha generalizado. En los barrios donde habitan personas con limitaciones económicas, campean las estructuras ilegales. Las denominadas “oficinas” que no son otra cosa que bandas integradas por peligrosos criminales dedicados al microtráfico, al sicariato, a la extorsión y al proxenetismo, entre otros crímenes.

Nuestros niños crecen en ese entorno malsano, donde aquel que hizo dinero de manera fácil y rápida es visto como un “héroe” digno de ser imitado.

Podemos tener claro el diagnóstico. Pero ahora, debemos pasar a las acciones. El desafío es grande y requiere de mucho compromiso. O enfrentamos a la barbarie o nuestra sociedad se echará a perder. Por eso, el caso dramático del INEM debe servirnos como una invitación a tomar conciencia y a poner manos a la obra.

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