Resumen: Mi problema con Kitamura es que encuentro infinitamente más interesante lo que sus personajes piensan que lo que hacen
Katie Kitamura, una de las voces norteamericanas más interesantes a seguir en la literatura contemporánea, ha tenido un año de lo más emocionante, el mismo que refleja la madurez de su trabajo y el ascenso meteórico de sus novelas que, aunque cortas y milimétricamente separadas entre sí por un cuatrienio, están consolidándose entre las favoritas de la crítica especializada. Una progresiva evolución que de a poco la ha ido posicionando como una de las plumas más internacionales de su generación, junto a otras fuertes contendientes como Otessa Moshfegh, R.F. Kuang y Ling Ma, al punto de convertirla en cabeza de cartel de la última Feria del Libro de Madrid y del Brooklyn Book Festival del año pasado.
Y es que su más reciente obra “Audición” acaba de marcarse un doble casi tras quedarse a las puertas de la gloria tanto en el Premio Booker como en el Pulitzer. En el primero, anunciado el anterior noviembre, Kitamura era de lejos la autora más reconocida del grupo de finalistas, seguida de cerca por Kiran Desai con “La Soledad de Sonia y Sunny” (Booker 2006), aunque tal vez dicha popularidad sería la razón por la cual en las casas de apuestas británicas era quien tenía menos probabilidades de ganar. Así es el Booker, donde salvo por el caso de “Los Testamentos” de Margaret Atwood en 2019, sus fallos suelen privilegiar a autores de bajo perfil, como David Szalay con “Flesh” (Booker 2025), en detrimento de nombres con gran tracción que convierten todo lo que publican en superventas inmediatos.
El otro jarro de agua fría acaba de caerle esta semana con su, para nada indigno, segundo lugar en el Premio Pulitzer, tras ser superada por “Angel Down” de Daniel Kraus. Un texto bélico que aún no ha sido traducido al español, pero que estuvo en todos los grandes listados de libros más relevantes de fin de año. Sin embargo, a pesar de irse con las manos vacías, como premio de consolación Kitamura ha conseguido entrar en el selecto club de escritores que han llegado a lo más alto en ambas competiciones con el mismo texto, un honor reservado sólo para “James” de Percival Everett (Pulitzer 2025), “Fortuna” de Hernán Díaz (Pulitzer 2023) y “El Clamor de los Bosques” (Pulitzer 2019).
En lo personal, tanto con “Audición” como con “Intimidades”, su elogiada obra anterior, mi problema con Kitamura es que encuentro infinitamente más interesante lo que sus personajes piensan que lo que hacen. Su literatura es sublime allí donde sus creaciones simplemente divagan sobre dilemas como las máscaras que utilizamos en sociedad o los distintos roles que jugamos en nuestro día a día, planteándote auténticas reflexiones que vuelven a ti cada tanto para hacerte cavilar nuevamente, pero salen a deber cuando tienen que ejecutar sus conceptos en el flujo narrativo del relato.
“Audición” es un gran paso adelante que corrige los baches vistos en “Intimidades”, pero queda en el aire la sensación de que la gran novela de Kitamura es la próxima por escribirse y no la que estás leyendo. Está por verse.
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