'El Cirirí'

Día de vergüenza nacional

Por: Francisco Javier Saldarriaga

El día de ayer, 29 de mayo de 2019, debe quedar en la historia reciente de Colombia como el de la vergüenza nacional, de un país en donde sus órganos superiores de justicia demuestran con sus fallos la calaña de los jueces que se asentaron allí para impartir impunidad y desafiar el concepto de justicia universal que ha que se ha construido desde tiempos inmemoriales.

Es inaudito que un órgano administrativo como el que se llama consejo de estado (no merece una mayúscula para denominarlo) defina que un delincuente comprobado se pueda posesionar en los órganos legislativos. El desprestigio institucional que propician estos fallos, horadan irremediablemente la credibilidad que deben tener estos altos tribunales y dan pie para que quien rige los destinos del país tome medidas extremas con el fin de preservar la civilidad.

A raíz de esto procede otro de los órganos del poder judicial infestado desde hace rato (1991) de la corrupción rampante que se ha venido entronizando con la politización de la justicia -con varios magistrados en la prisión por sus participaciones comprobadas en el cartel de la toga- y declara la libertad inmediata del delincuente de marras.

El mismo día otra de las instituciones hunde las objeciones presidenciales a la ley estatutaria que regula el funcionamiento del peor engendro judicial que se ha dado en la historia de la nación desde que hace 200 años libramos la batalla de Boyacá que nos dio la “independencia definitiva”.

3 Acciones con un propósito único desestabilizar profundamente al marcha de la nación y propiciar así el mayor descalabro a la confianza de un pueblo en sus instituciones originando el caldo de cultivo para que el pueblo avergonzado, estupefacto y en estado catatónico acuda a remedios desesperados para recuperar algo de la dignidad colectiva que no hace mucho nos mantenía orgullosos del país y de las instituciones que nos gobernaban. En el 2003 y hasta el 2011 tuvimos un sentimiento de orgullo nacional que nos hacía motivo de envidia de otros pueblos pues nuestro Presidente nos ha

Entre el 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819 vivimos un periodo de la historia que se conoce como la Patria Boba pues nunca nos pusimos de acuerdo con el sistema de gobierno que queríamos; esto dio origen al régimen del terror en cabeza de Pablo Morillo y Juan Sámano.

Desde esa época hasta 1863 anduvimos revolcados y sin una estabilidad institucional y en ese año, en Rionegro Antioquia se definió un país federal que duró 23 años pues en 1886 Rafael Núñez que se hizo elegir con banderas liberales amantes del federalismo, cambió la constitución hacia un régimen centralista a ultranza. Este tipo de volteretas ideológicas no las inauguró el espurio. Hoy atravesamos un período similar de estupidez colectiva, pues estamos en manos de unos jueces ímprobos y sesgados para favorecer la narcoterrorismo y desvirtuar unos principios universales del derecho de gentes en cuanto a la aplicación de la justicia.

No sé si dentro de nuestro ordenamiento tenemos instrumentos para paliar en algo esta desaguisado pero estamos en mora de tomar decisiones drásticas y radicales que nos conduzcan a recuperar el rumbo hacia una patria que aglutine a los colombianos. Ahora lo único que nos une es la selección que golea pues de resto no tenemos motivos para sentirnos limpios.

Esos fallos, sin lugar a dudas, nos salpican a todos pues es una muestra irrefutable del desgano que tenemos para enderezar, a como dé lugar, el torcido que desde hace rato tenemos en la justicia. Si queremos un país digno es el momento de tomar las decisiones que haya que implantar para que en un futuro no estemos en manos de los que durante casi 60 años martirizaron con sus actos aberrantes, a los campos colombianos.

Qué triste pero el panorama se ensombrece a cada día y reitero que en estos casos las medidas deben ser extremas y tajantes apegadas a las leyes, que le permiten al ejecutivo hacer lo necesario para impedir el desastre institucional que se viene cuajando desde hace rato. De hecho es su obligación preverlo y enfrentarlo.



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