Resumen: Un estudio publicado en African Archaeological Review fechó entre 2467 y 2150 a. C. el entierro de una tumba con "antenas" de 54,5 metros en Lawash el Telli, Sahara Occidental. La excavación se realizó en abril de 2018 y las dataciones de bioapatita se completaron en 2025. En el túmulo apareció un adulto de entre 25 y 35 años, de sexo indeterminado, acompañado de cuatro cuentas de cáscara de huevo de avestruz. Es la primera cronología absoluta para este tipo de monumento en el Sahara atlántico; el significado exacto de sus prolongaciones sigue sin conocerse.
Una tumba de piedra de casi 55 metros en el Sahara Occidental acaba de aportar una fecha para un enigma arqueológico: las construcciones funerarias con dos largas prolongaciones conocidas como «antenas». El estudio de los restos de una persona enterrada en su interior permitió situar este monumento entre el 2467 y el 2150 antes de Cristo, es decir, hace más de 4.000 años.
El resultado fue publicado el 20 de octubre de 2026 en la revista científica African Archaeological Review. Aunque ahora se conocen sus conclusiones, la excavación se realizó en abril de 2018 y las pruebas que finalmente permitieron establecer la antigüedad se hicieron en 2025. No se trata, por tanto, de una tumba excavada por primera vez en los últimos días.
Dos brazos de piedra que no llegan a tocarse
El monumento está junto al cauce seco de Lawash el Telli, en el extremo oriental del conjunto de arte rupestre de Sluguilla Lawash. Su longitud total es de 54,5 metros. La parte principal es un túmulo ovalado de 12,5 metros de largo y 10 de ancho, acompañado por dos alineaciones de piedras que se extienden hacia el este.
Esas hileras se separan y luego vuelven a aproximarse, pero sus extremos no se unen. Los investigadores las llaman «antenas» por su forma: el término describe los apéndices de la construcción y no implica que fueran dispositivos de comunicación ni que tuvieran una función tecnológica.
Para levantarla se emplearon losas y bloques de caliza del entorno, apilados sin mortero. De acuerdo con la evaluación del equipo, las características de los materiales hacen posible que un grupo reducido de personas realizara la obra sin una infraestructura especializada. Sin embargo, aún no se conoce el significado preciso que sus constructores daban a ese diseño.
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Foto: African Archaeological Review
Una sola persona bajo las losas
La intervención, en la que participaron integrantes de la Universidad de Girona y del Ministerio de Cultura saharaui, se concentró en una parte del túmulo. El resto se preservó para reducir el impacto sobre el yacimiento. Bajo la cubierta de piedra apareció un único individuo, depositado directamente sobre el terreno natural.
El cuerpo estaba boca arriba, sobre un eje norte-sur, con la cabeza hacia el sur y las piernas flexionadas hacia el oeste, en dirección contraria a las prolongaciones. No se encontraron indicios de una fosa excavada ni de reutilización del espacio funerario. Tampoco se identificaron señales de cremación o de alteración intencional de los huesos.
El desgaste de los dientes permitió estimar que la persona murió entre los 25 y los 35 años. Su sexo no pudo determinarse porque no se conservaron restos de la pelvis en condiciones adecuadas. La investigación evita atribuirle una identidad o una condición social que la evidencia disponible no permite demostrar.
Junto al esqueleto se recuperaron cuatro cuentas con forma de anillo, hechas de cáscara de huevo de avestruz. Los autores consideran probable que pertenecieran a sus adornos personales. Esos objetos, por sí solos, no bastan para asociar el entierro con una comunidad cultural específica.
La fecha que los huesos tardaron años en revelar
Las condiciones áridas habían dejado los restos extremadamente frágiles. En 2018, la falta de colágeno suficiente impidió obtener resultados de radiocarbono. La alternativa llegó en 2025, cuando se enviaron dos muestras del componente mineral del hueso, llamado bioapatita, al laboratorio CIRAM.
Los análisis de fragmentos de húmero y fémur dieron rangos compatibles: el enterramiento quedó situado entre 4.417 y 4.100 años calibrados antes del presente. En arqueología, esa expresión utiliza 1950 como referencia, de ahí su equivalencia aproximada con el período entre 2467 y 2150 antes de Cristo.
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Según el estudio, esta es la primera cronología absoluta obtenida para un monumento de este tipo en el Sahara atlántico. La evidencia confirma el uso funerario de la estructura estudiada y la ubica al final del Neolítico reciente de la región. Lo que sigue abierto es quiénes la construyeron, qué representaban sus «antenas» y cómo se relacionaban estas prácticas con las de otras comunidades del desierto.
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