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Opinión

Desarrollo o regresión urbanística en el oriente antioqueño

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daniel castro osorio

Desarrollo y progreso, no son precisamente sinónimos de evolución y perfeccionamiento económico, social y regional. El Oriente Antioqueño, territorio convertido en los últimos años en referente nacional e internacional, aún no dimensiona las dificultades y problemáticas que ha acarreado su desarrollo urbanístico.

daniel castro osorio

El fenómeno de Gentrificación no solo ha tolerado usufructuar un recurso que no es renovable (suelo), sino que también visto desde un contexto dicotómico transfiere consigo dos quimeras: la elitización del metro cuadro de tierra, “siendo el más costoso del país”, y la contaminación, producto de la población flotante que llega a diversas localidades y permea con hábitos maquiavélicos sus territorios.

Las altas cuantías de capital que mueve el sector inmobiliario escudriñan coyunturas y posibilidades de inversión, asimismo buscan la recapitalización de sectores desvalorizados. En un momento dado las mejores circunstancias de inversión inmobiliaria en el interior de las ciudades no se encuentran en las zonas con los mayores precios del suelo, sino en aquellas con la mayor tasa de crecimiento potencial. Los sectores gentrificables pueden pasar de ser de las zonas con los precios del suelo más bajos de la ciudad a alcanzar las mayores cotizaciones, por lo que los beneficios se maximizan.

Hace unos años, Llanogrande era una más de las veredas de la hidalga ciudad Santiago de Arma de Rionegro, hoy por hoy es la provincia habitacional y de recreo más codiciado del país. Allí residen expresidentes, exministros, empresarios, escritores, deportistas y un sin número de personalidades. Pero dicho anómalo no permaneció ahí, su propagación se difundió casi que a los 23 municipios que conforman la prodigiosa zona del Oriente Antioqueño, más específicamente a aquellos del Valle de San Nicolás.

En contexto: la pirámide habitacional de los municipios del Oriente se ha desequilibrado; a esto podríamos sumarle el desperdicio de un tributo conocido como Plusvalía (Ley 388 de 1997), el mismo que podría invertirse en desarrollo vial, infraestructura y otras obras que no estén vislumbradas dentro de los Planes de Desarrollo.

De esta manera, los principios aquí desplegados son apenas el esbozo de una problemática de amplia magnitud. Queda para el estudio de los entes encargados y para la profundización investigativa de aquellos ciudadanos del común que nos seguimos preocupando por nuestros territorios.

El fenómeno de Gentrificación además del impuesto que genera, (el mismo que en muchas ocasiones no se recauda) solo deja basura y contaminación. Pues, la oferta comercial de nuestros territorios aún no está a la vanguardia de los consumidores asentados en las tierras orientales.

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