El derecho al techo

“Tener casa no es riqueza, no tenerla si es mucha pobreza”, así lo advierte el adagio popular que confirma que tener vivienda no es un lujo, es una apremiante necesidad de cada persona o familia, que necesita de un techo para protegerse y cuidar a sus seres queridos.

El acceso a la vivienda, consagrado en el artículo 51 de la Constitución Colombiana, es un derecho fundamental y está reglamentado en la Ley Nacional 2079 de 2021 Vivienda y Hábitat, que facilita los subsidios de vivienda, mejora la capacidad de planificación territorial, promueve beneficios diferenciales en temas de vivienda, tanto rural como urbana a favor de las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar, y desarrolla estrategias para adquirir vivienda por primera vez.

Se calcula que cerca del 36,5 por ciento de los hogares colombianos no tienen casa propia, y que en el mundo existen 330 millones de familias que no tienen un lugar digno donde vivir.

Los asentamientos ilegales, el hacinamiento, el desplazamiento forzado, son algunas de las amenazas que impactan ante todo a los países en desarrollo, y exponen a los más vulnerables a vivir situaciones de mayor inequidad y pobreza.

La falta de un espacio digno para vivir, afecta todos los aspectos de la vida de las personas, desde el socio-afectivo, el sentimiento de seguridad, y el de las oportunidades y los sueños cumplidos.

Sin embargo, las oportunidades de tener una vivienda digna parecen alejarse cada día más. El desplazamiento a las ciudades es cada vez mayor. Cerca de 4.200 millones de personas viven en las ciudades y se calcula que para 2050, la población urbana se duplicará, es decir, que de cada 10 personas, siete vivirán en las ciudades.

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Este panorama, poco alentador, exige la intervención decidida de los gobiernos para atender ante todo a quienes están en la línea o bajo la línea de pobreza, y quienes podrán ser los nuevos habitantes de las invasiones y asentamientos ilegales, en las periferias de la ciudad, en los próximos años.

Es un asunto que debe abordarse desde ya, porque la presión que ejercerán sobre el territorio, quienes lleguen a habitar esta ciudad, demandará más servicios y equipamiento urbano, y será sin duda factor de aumento de la violencia, ilegalidad, y mayor desigualdad esta situación, de no tomar medidas urgentes.

Con la llegada de más habitantes, se pondrá en riesgo la vida y la estabilidad de la ciudad, debido a la ocupación de espacios no aptos para la vivienda, que traerá como consecuencias deslizamientos e inundaciones, además de todas las afectaciones que esto representa para el medio ambiente y la planificación territorial.

Vivienda por ley

La casa no es solo un sitio para dormir, es allí donde todos y cada uno descansamos, nos relacionamos, nos amamos, nos divertimos, el lugar al que llegan los niños y las niñas en busca de alimento, de protección y compañía. Hoy más que nunca tener un lugar digno donde vivir es fundamental.

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Las dinámicas laborales y educativas han cambiado, y en muchos casos la vivienda se ha convertido en espacio de trabajo y en aula de clase. Concebir la transformación del hábitat como espacio para la vida, el desarrollo familiar, personal, económico, sustentable y social de un territorio, es una responsabilidad de la administración municipal.

Es necesario destrabar todos los impedimentos que estén afectando el avance de la vivienda en las ciudades colombianas, y concebirlo como un elemento fundamental del progreso social y urbano, que crea oportunidades a los más desfavorecidos y los incluye. Superar el déficit de vivienda en el país es sinónimo de equidad, y de desarrollo social y económico.

Se trata de ser creativos, de crear modelos acordes a este momento y a las necesidades de las personas. De crear un modelo social de vivienda digna, que no desarraigue a las familias de su entorno comunitario y conciba la construcción de estas como uno de los factores que más contribuyen a la generación de empleo e impulsa la economía. Y, ante todo, que es uno de los cuatro temas más importantes en la vida de las familias, y más aún de los hogares de escasos recursos, que hoy siguen viendo la adquisición de una vivienda propia como un sueño, un sueño muy lejano.

¡Que el derecho al techo se haga realidad!

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