'Perspicacias Políticas'

Del plebiscito a la ignominia

Por Fernando Orjuela

Sin lugar a dudas el plebiscito del 2 de Octubre del 2.016 desencadeno una crisis muy profunda institucional y de degradación humana en Colombia que no tiene precedentes históricos. El solo hecho de haber desconocido la voluntad popular del plebiscito como mandato ciudadano, independientemente de cual haya sido su resultado, es tal vez la afrenta y la violación más grave que ha tenido nuestra democracia en sus ya casi 200 años de existencia. NO era NO y eso se debió haber respetado independientemente de que haya habido presiones muy grandes por quienes votaron por él SI, ilusionados por una paz mal concebida, mal estructurada, violatoria de la constitución y de los principios éticos y morales. Para bien o para mal, si hubiera ganado el SI también se habría tenido que respetar esa decisión popular. Esa es la regla inviolable de la democracia.

Adicionalmente constituyo toda una vergüenza histórica de indignidad democrática, el grave hecho de que un grupo de personas que promovió el voto por el NO, asumiera la vocería inconsulta de todos los que votamos negativamente ese espurio Proceso de Paz, para negociar lo innegociable con quien ya había vendido y traicionado al país en la habana, aprovechando hábilmente esa oportunidad para burlarse aún más el presidente Juan Manuel Santos de los colombianos, firmando un nuevo acuerdo en el teatro Colon, que refrendaría posteriormente de manera grotesca en el Congreso de Colombia.

Con seguridad este hecho histórico, lo pagaremos con muchísimos traumatismos insalvables al menos tres generaciones de colombianos.

No sabemos con claridad qué tipo de intereses realmente se impusieron y se negociaron para llevar a cabo el Proceso de Paz en la habana. Esas verdades solo las conocen los negociadores y sus autores intelectuales. Todo se hizo confidencialmente, todo hace parte de la reserva del proceso y así se firmó. Todavía nadie ha hablado del tema, pero son tantas las contradicciones que a diario presenta la implementación de ese proceso, que todo tipo de conclusiones pueden ser válidas. Son demasiadas las incoherencias, muchísimas las violaciones a la constitución, a la lógica procedimental, al sentido común y a la dignidad humana entre otras muchas.

Se hablaba de que las víctimas eran lo más importante del proceso y a decir verdad solo siguen humilladas, desprotegidas e ignoradas. También son víctimas las bases de la guerrilla, muchas de ellas producto de los problemas socioeconómicos del país, con poca o ninguna educación y enseñadas a delinquir por el secretariado. A ellas también las olvido el proceso, las olvido el gobierno. Muchas de ellas hoy son disidentes y no tuvieron la posibilidad de incorporarse a la vida civil y mucho menos con proyectos productivos, todo se les negó y hoy solo hacen lo que saben hacer.

El desbarajuste institucional que ha provocado la implementación inútil del Proceso de Paz se evidencia triste y vulgarmente sobre todo en las altas cortes del poder judicial. Sus sentencias han vulnerado lo más profundo de la dignidad de los colombianos. Igual será el desempeño vergonzante de la JEP.

El empoderamiento y crecimiento del narcotráfico en lo que va corrido del proceso desde su inicio y que coincide con los 8 años el Gobierno de Juan Manuel Santos, era el tema más importante a discutir y a solucionar, pero fue completamente ignorado, menos preciado increíblemente y declarado como delito conexo a la actividad terrorista y sus consecuencias para el futuro del país son nefastas. Desmontar 240.000 hectáreas de coca, sus rutas, su estructura económica, la imagen negativa que da al país, su daño ambiental, también pueden ser tarea de tres generaciones si bien les va. Mientras tanto la degradación humana por ese concepto seguirá alterando a diario nuestra estructura social y sus noticias no cesaran. El daño es irreversible y gigantesco.

Ya no me cabe la menor duda de que la concepción del Proceso de Paz firmado entre la guerrilla de las Farc y Juan Manuel Santos solo respondió a intereses económicos y geopolíticos mundiales muy poderosos que entre otras pretensiones, buscaba o sigue buscando en el fondo, presionar la legalización de las drogas para beneficios económicos particulares de grandes organizaciones disfrazadas en la defensa de los derechos humanos, la manipulación de los medios y otras. Colombia y los colombianos no fueron la prioridad.

En todo se pensó menos en el beneficio que otorga una Paz sencilla, esa que busca la concordia, la armonía, el respeto por la ley y la justicia, el amor por el prójimo y el de las oportunidades para el desarrollo económico. Se abarco mucho y poco, muy poco se pudo concretar.

Desde un principio Juan Manuel Santos sabía que no podía ni siquiera financiar el principio de la implementación del Proceso, pero eso no importaba, lo importante era su imagen. Todo fue una farsa y el reto que le queda al Presidente Iván Duque es de unas proporciones sociales impredecibles.

@PoliticaPuntual