¿Porqué decidí ser médico?

Por: Misael Cadavid MD

Amar la profesión es apenas la mitad del éxito en cualquier profesión. Lo que hace que un profesional alcance la excelencia es el grado de virtud con que ejerce su labor y el sentido de plenitud que sabe encontrar en esa vocación específica.

¡Cuántos hay que van a la faena diaria con el alma amarga y las frustraciones a flor de piel!

Y es porque han perdido la pasión con que alguna vez, quizá en sus años mozos, tomaron la decisión irrevocable de dedicar su vida y su talento a una profesión que en aquel momento llenaba todas sus expectativas.

¿Por qué en la sociedad actual, tan sofisticada en sus variadas formas de facilitarnos las cosas, existe sin embargo una generalizada sensación de vacío, de desencanto, de orfandad vital, como si la cotidianidad del trabajo fuera una especie de obligación torturante a la que se acude porque, en fin, “de algo hay que vivir”

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El ejercicio de la medicina siempre se ha descrito como un arte y una ciencia, pero más que todo es ciencia y virtud. Solo el mero conocimiento científico no basta para recuperar al enfermo; son cada vez más necesarias y urgentes, porque se han perdido, aquellas cualidades humanas que hagan la enfermedad más llevadera, que la conviertan en un yugo suave y una carga ligera, a través de nuestro trabajo profesional.

Para ello necesitamos inyectar diariamente, en el torrente circulatorio de nuestra práctica médica, una buena dosis de amabilidad, alegría, comprensión y tolerancia, aquello que llamamos humanización de la salud, evitando poner sobre las espaldas del enfermo nuestros defectos, debilidades y frustraciones, como si ellos tuvieran la culpa de nuestras dudas existenciales. Nada más desastroso!

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Actuando así, proporcionamos un ambiente propicio para su pronta recuperación, o su aceptación serena, si se trata de una patología incurable.

Todo esto se puede lograr solo si procuramos vivir nuestra profesión estrictamente como un servicio a las personas, a nuestro prójimo, simple: vocación de servicio y sensibilidad social.

Por otro lado, es nuestro deber como profesionales de la salud estar siempre actualizados, porque así lo exige la medicina, porque así nos necesitan nuestros pacientes. De esta manera, y con este particular aporte, colaboramos, en parte, a la recuperación de nuestra comunidad ,crónica y críticamente enferma.

Lo que me motiva a este escrito es la férrea intención de ennoblecer y enaltecer el ejercicio de la medicina, haciéndola un auténtico instrumento de solidaridad humana con el enfermo, reconociendo su dignidad como persona y como hijo de Dios.

Pasión por la vida…

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