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Opinión

De la “vacuna” a la movilidad

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Santiago Sierra

Va pasando otro cuatrienio de mandato de las autoridades locales de todo el país y el problema de micro extorsión en una buena parte de los municipios de Colombia sigue sin resolverse. Esta problemática parece haber entrado en un punto peligroso, ya que su importancia ha pasado a un plano muy lejano del principal, en el discurso de los próximos candidatos a gobernar los municipios y departamentos de Colombia, para el periodo 2016-2019.

Santiago Sierra

Algunos dicen que para resolver el problema de la extorsión haría falta voluntad política, lo que podría ser una buena hipótesis, ya que temas relacionados con la infraestructura urbana absorbió el discurso político de todos los que ejercen el sagrado derecho de participar públicamente en una contienda electoral. Así las cosas, es mucho mejor hacer frente a los “yupis” que necesitan llegar rápido a su casa que a centenares de grupos al margen de la ley de cada departamento y ciudad.

La micro extorsión llamada popularmente “vacuna” en los barrios de Colombia ha sabido llegar al pueblo, y con el pretexto inicial de generar control y orden en las calles de la vecindad han generado que el principio de confianza en el Estado con la fuerza pública se rompa. Una presencia rápida y con la sensación de resolver cualquier altercado en la comunidad, han hecho que la justicia como institución no tenga ningún sentido en la barriada, por ello los grupos “legitimados” por la comunidad siguen creciendo y naciendo en Colombia, como una buena posibilidad de superar la desigualdad, accediendo al menos al sagrado derecho de la “justicia”.

El 1 de febrero de 2015 nuestro periódico Minuto30 titulaba “Madre e hijo gravemente heridos en Castilla, al parecer se negaron a pagar tres mil pesos de vacuna” el hecho luego se confirmó, e inclusive la mujer murió. Un asesinato que resaltó en los primeros planos de los medios de comunicación pero que de parte de las autoridades no genero ningún comentario diferente al reproche del hecho. Un escenario de caos, una circunstancia que exalta la omisión del Estado, y lo peor, un mal que vive un poco más de la mitad del país a mí consideración.

Aparece entonces dos tipos de Colombia; la formal y la informal, la primera es la que se lamenta por los “trancones” que le impiden llegar a sus casas 15 ó 20 minutos antes, y que ve en esta situación un caos “social”, y la segunda, la que se yuxtapone, o sea, la Colombia desigual, aquejada por la violencia, la que sigue “vacunada”, y que lo único deseable para ésta es un Estado fuerte, institucional y que haga presencia en las comunidades más vulnerables.

¿Pero la ciudadanía es consciente? Claro que no, el discurso político lo han unificado en ese sentido. Nadie quiere enfrentar los delincuentes, y mucho menos de esa índole, por ello se volvió más atractivo en el país del sagrado corazón luchar por la “movilidad” y no por la seguridad.

Ha sido una buena estrategia, y de hecho se pondrá de moda como nunca antes el discurso de la movilidad para las elecciones políticas de octubre del presente año. Este discurso pone un enorme velo a una cantidad inmensa de dificultades que atraviesa las ciudades y departamentos, omitiendo la cantidad de cosas buenas que trae consigo la seguridad. Comenzando por el nacimiento de nuevos liderazgos sanos para las comunidades, y expresándose en desarrollo humano y calidad de vida.

De acuerdo a lo anterior es pertinente expresar que antes de elegir su nuevo alcalde o gobernador este año, recuerde que esta semana le toca dar 3 mil pesos más a los grupos al margen de la ley por haber comprado carro nuevo, ya que requiere un cuidado “especial”.

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