Resumen: Hoy Colombia llora a sus muertos, acompaña a sus heridos y busca a quienes todavía permanecen desaparecidos
El 10 de agosto del 2026, Colombia vivió uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente. Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió buena parte del territorio nacional, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, Chocó, dejando una estela de destrucción en los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. El terremoto ha cobrado la vida de cerca de 290 compatriotas y ha dejado miles de familias afectadas, viviendas destruidas, hospitales, colegios, vías y otras infraestructuras esenciales seriamente comprometidas. El fenómeno tuvo un origen natural, según se dice derivó de la dinámica tectónica de la región, particularmente por la interacción y subducción de la placa de Nazca, bajo la placa Sudamericana, asi que no hubo una causa humana detrás del sismo, fue la fuerza de la naturaleza recordándonos, una vez más, nuestra vulnerabilidad como seres humanos.
Luego de los tristes acontecimientos ocurridos, Colombia también ha demostrado de qué está hecha. El presidente entrante Abelardo de la Espriella, se vío enfrentado a una de las primeras y más difíciles pruebas de su Gobierno, asumió personalmente la emergencia y recorrió algunas de las zonas más golpeadas. Junto con la primera dama, Ana Lucía Pineda, y su familia, al igual que el vicepresidente, Jose Manuel Restrepo con su esposa Tatiana Céspedes, se impulsaron iniciativas de solidaridad como “Colombia, un solo corazón”, mientras el Gobierno Nacional, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, los organismos de socorro y las autoridades territoriales coordinaban la atención de los damnificados. A esta respuesta se sumaron nuestros hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y de Policia, quienes han estado presentes en las labores logísticas, de transporte, rescate, distribución de ayudas y apoyo a las comunidades. En momentos como este, las instituciones deben estar por encima de cualquier diferencia política, ya que la prioridad es salvar vidas, proteger a las familias y devolverles esperanza a quienes lo perdieron todo.
Por otro lado, ha quedado demostrado que Colombia no está sola. La tragedia despertó una impresionante ola de solidaridad nacional e internacional. Recordemos que hasta el 17 de agosto, Colombia había recibido aproximadamente 222,5 toneladas de ayuda humanitaria internacional, mientras diferentes países enviaban alimentos, medicamentos, elementos de higiene, refugios, equipos especializados y asistencia técnica, y rescatistas. El Salvador aportó 100 toneladas, México 58,5, Chile 50 y Perú 14, además de la participación de equipos especializados provenientes de Israel, Ecuador y Estados Unidos. También se anunciaron aportes de países como España, Italia, China, Alemania, India, Paraguay, Guatemala, Suiza, Corea, Singapur, Noruega y otros organismos internacionales.
Además, la solidaridad también llegó con fuerza y de manera rapida ya que desde el sector privado se han logrado recaudar importantes aportes en dinero y en viveres de primera necesidad y millones de colombianos se han volcado a las calles a ayudar a los damnificados por el terremoto. Entre los aportes más significativos se encuentra el compromiso del empresario David Vélez, fundador de Nubank, por 100.000 millones de pesos para los damnificados, especialmente en el Chocó. A ello se suman más de 250 toneladas de ayudas movilizadas desde Medellín hacia Quibdó, otras 45 toneladas recolectadas por el Ejército Nacional para Armenia y Pereira y múltiples iniciativas ciudadanas que han demostrado que, cuando Colombia decide unirse, ninguna dificultad es imposible de superar. La cooperación internacional, según los reportes más recientes, supera los US$1.300 millones en ofertas de apoyo, entre recursos financieros, asistencia humanitaria y cooperación para la recuperación.
Ahora comienza el desafío más grande: reconstruir Colombia. El presidente Abelardo de la Espriella, ha planteado un denominado “Plan Marshall” para el Chocó, inspirado en el histórico programa de reconstrucción europea posterior a la Segunda Guerra Mundial. La propuesta, busca convertir la tragedia en una oportunidad para saldar una deuda histórica con el departamento, mediante una intervención articulada de los ministerios y del Gobierno Nacional. Asimismo, anunció la creación de una gerencia especial para el Chocó, encargada de articular las necesidades del departamento y acelerar la reconstrucción. Por ahora, el Gobierno, no ha definido públicamente un plazo definitivo de duración ni ha anunciado formalmente el nombre del gerente, por lo que esos elementos deberán concretarse en los próximos días.
Colombia tiene ante sí una tarea monumental: reconstruir viviendas, escuelas, hospitales, carreteras, acueductos y, sobre todo, reconstruir los proyectos de vida de miles de familias afectadas. Pero esta tragedia también puede convertirse en un punto de inflexión. No podemos permitir que las zonas más vulnerables vuelvan al olvido una vez desaparezcan las cámaras. El Chocó, el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y todos los territorios afectados necesitan presencia permanente del Estado, inversión transparente, infraestructura segura y oportunidades.
Hoy Colombia llora a sus muertos, acompaña a sus heridos y busca a quienes todavía permanecen desaparecidos. Pero también se levanta. Se levanta con sus soldados, policías, médicos, bomberos, socorristas, empresarios, artistas, voluntarios, comunidades, iglesias, organizaciones sociales y ciudadanos anónimos que han decidido tender la mano, en medio de los escombros movidos por el amor hacia nuestra tierra, nuestra nación, nuestra gente, nuestra nación donde nacimos.
Porque un terremoto puede derribar edificios, pero no puede derribar el amor y la solidaridad de un pueblo pujante, valiente y berraco, ¡Colombia se levanta con fuerza!, ¡Colombia se levanta con valentía!, Y, sobre todo, Colombia se levanta unida de corazón.
ABOGADA, DEFENSORA DE DERECHOS HUMANOS, COLUMNISTA.
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