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Clave de son

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sara espitia

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Bailar salsa no es una tarea fácil. Ahora intentarlo a ciegas o incluso sin levantarse de la silla parece imposible. Sin embargo, ellos lo hacen realidad, pues la danza para personas discapacitadas no es solo una terapia, sino es una forma de vida para la transformación e inclusión social.

“¡Vamos chicos, una más!”, dice Daniela Almanza, mientras con sonrisas personas como Cesar se balancean en la silla de ruedas de izquierda a derecha. Junto a ellos, también con sonrisas, se encuentran varias mujeres moviendo sus pies en los mismos conteos que las ruedas de los asientos marcan el paso. Están calentando al ritmo de la música, para continuar con la coreografía de salsa.

El salón comunal del barrio La Granja es bastante amplio, además, las baldosas permiten que las sillas se deslicen con mayor facilidad durante las tres horas de los ensayos de baile. Es sábado en la mañana y cada uno de los integrantes de la Fundación AZNAD entrega lo mejor de sí. Allí se rompen los estigmas y las diferencias no son mas que una herramienta en beneficio del baile, pues todos a través de sus capacidades y trabajo en equipo muestran los grandes bailarines que son.

Géneros como la salsa no son incluyentes a la hora de bailar, sin embargo, con ayuda de los integrantes del grupo los han transformado para que lo sean, con el fin no solo de mostrarlo; sino también de cambiarle la calidad de vida a cada uno de los integrantes, pues los bailarines exponen su pasión y su felicidad a través de la danza. Ellos demuestran que existen formas de bailar salsa en parejas, siguiendo el ritmo con una silla de ruedas.

La Fundación AZNAD ha generado espacios en los diez últimos años, para que las personas con y sin discapacidad obtengan oportunidades a través del baile. Pues la danza inclusiva los ha llevado lugares en Europa y Suramérica. Construyendo así un tejido social que le ha transformado la vida a muchas personas. Sin embargo, esta no ha sido una labor sencilla, pues conseguir apoyo de las entidades publicas o privadas, es un camino lleno de obstáculos; tanto por el poco apoyo económico como por los escasos espacios dentro de los festivales.

Los concursos y festivales a nivel nacional que incluyen una categoría en la que personas en condición de discapacidad puedan participar, no son muchas ya que esta es considerada como una danza deportiva. Sin embargo, bajo la dirección de Ramón Briceño, AZNAD ha conseguido abrir puertas en los últimos años para demostrar que, dentro de sus discapacidades, todos son capaces.

Bailar salsa no tiene límites, sin importar si alguien está en condición de discapacidad, la danza se ha transformado en una forma de inclusión, en el cual las únicas barreras existentes son las que cada persona decida ponerse. Esto lo demuestra Ólmer Sandoval Zamorano, un profesor invidente que enseña a bailar salsa a otras personas con discapacidades visuales en Cali.

Estos bailarines aprenden cada paso a través del tacto y las instrucciones verbales en los talleres que se ofrecen en la sala Jorge Luis Borges, de la Secretaría de Cultura y Turismo Municipal.

En Cali, además, podemos encontrar actividades turísticas para que personas invidentes se encuentren con una ciudad llena espacios de inclusión. Entre estas actividades podemos encontrar talleres de cómo bailar salsa, guiados por profesionales y voluntarios que acompañan a los turistas en esta aventura.

Otro de los aspectos que es importante tener en cuenta, al resaltar la labor de inclusión que se trabaja a través del baile, es el reconocimiento corporal; pues en el momento en el cual se entiende la discapacidad no como una barrera, sino como un elemento con el cual se pueden hacer otras formas de baile, se construye un punto de equilibro para el tejido social. “Se propone que la danza inclusiva ofrece espacios para la comprensión y afirmación del cuerpo en su diversidad”. Plantea Carolina Caballero en un estudio para el Instituto Universitario de la Paz en Barrancabermeja.

La salsa no solo es uno de los estilos musicales iberoamericanos más escuchados y utilizados para la danza; sino que además estos bailarines la han convertido en un medio para la inclusión. Como lo indica un estudio de la Universidad del Valle de Santiago de Cali en 2014, sobre el baile de la salsa como medio de expresión e inclusión social “es importante resaltar la labor social que se realiza a través del baile de la salsa, especialmente en las escuelas, las cuales son consideradas por los actores como espacios de crecimiento que les abre las puertas a otras posibilidades en la vida social”.

Es entonces como las personas sin importar su discapacidad física bailan al estilo de la salsa y otros géneros musicales.

Ellos se consideran a si mismos bailarines, no discapacitados. Aseguran que su mayor retribución, no es una mirada con lástima, sino un aplauso por su talento y ‘berraquera’. Pues la inclusión social que ellos proponen a través de su puesta en escena busca que los vean por las capacidades artísticas y el reconocimiento de su cuerpo que han demostrado en el escenario.

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