'Democracia Sana'

Ciudades verdes

Por Alfredo Ramos M.

En la columna “Ciudades cero emisiones” esbocé decisiones fundamentales que los centros urbanos deberían tomar respecto a energía, calidad del agua y del aire. Siguiendo con esos pactos mínimos en los próximos años, es inminente avanzar en:

· Arborización y jardines: como fórmula directa para combatir el aumento de emisiones de carbono y de una mejor vida para los ciudadanos, una alternativa obligada es la construcción constante de parques arborizados (siempre con espacios muy definidos para cultura, deporte y mascotas), jardines públicos y privados, incluyendo huertas comunitarias. Más verde permitirá una mayor acogida a diversas especies de fauna, haciendo ciudades más vitales. La tendencia de “techos verdes”, en las que los ciudadanos utilizan sus hogares con múltiples propósitos (ambientales, de seguridad alimentaria, de consumo local, de estética) debe ser promovida con gran liderazgo público. Se han empezado a utilizar purificadores de ambiente a gran escala como herramienta para mejorar la calidad del aire, una salida extrema que podríamos evitar si hacemos una apuesta decidida por ciudades verdes.

· Vivienda sostenible: los nuevos proyectos de vivienda que se construyan en las ciudades deben comenzar a repensar su sostenibilidad, incluyendo, como mínimo, el reciclaje de materiales de construcción, el aprovechamiento de su ubicación para disminuir el consumo energético (especialmente en iluminación y ventilación), el uso de energías alternativas, la utilización de aguas lluvias con fines diversos, la obligatoria inclusión de espacios verdes comunales y “techos verdes”, entre otras ideas con gran potencial de implementación.

· Manejo de residuos: el aprovechamiento de residuos orgánicos en la creación de energía y de compost es una de las necesidades inminentes en muchos centros urbanos, generando paralelamente compromiso ambiental e ingresos a las familias. La reutilización y el reciclaje de diversos materiales es una tarea de todos los días y, aprovechando procesos tecnológicos, debemos fomentar que todo plástico sea biodegradable.

Todas estas transformaciones requieren cambios profundos: por un lado, en la educación y cultura de la comunidad, para que se apropie y lideres los procesos ambientales; de otro lado, en las normas que regulan el uso del suelo, la energía y los combustibles utilizados, el manejo del agua potable, el aprovechamiento de residuos, entre otros temas sustanciales en los cuales ha existido mucho silencio estatal; y, por último, toda inversión en materia tecnológica valdrá la pena, y muchos recursos que manejan las entidades ambientales y los gobiernos a toda escala deberían aprovecharse para la investigación y la ejecución de proyectos de alto impacto sobre estos objetivos esbozados.

Debemos tomar decisiones audaces, hacérselas partícipes a las comunidades y ejecutarlas con la mayor eficiencia y austeridad posibles. Así tendremos una mejor calidad de vida en muchos centros urbanos que se han convertido en sistemas caóticos que no permiten el desarrollo óptimo de sus ciudadanos. Debemos comenzar ya.



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