Resumen: Sus corregimientos son escenario de abundantes recursos hídricos, quebradas cristalinas y nacimientos de agua que dan vida a la región
Ciudad Bolívar es más que un municipio del suroeste antioqueño: es memoria viva, es camino de herradura, es orgullo campesino. Conocida como la tierra de los arrieros, esta población guarda en sus montañas y corregimientos un tesoro natural y cultural que se abre al visitante como un libro lleno de historias, paisajes y tradiciones.
Sus corregimientos son escenario de abundantes recursos hídricos, quebradas cristalinas y nacimientos de agua que dan vida a la región. Los senderos ecológicos, rodeados de una gran variedad de especies animales y vegetales, invitan al disfrute del senderismo y las caminadas, al encuentro con la naturaleza y al silencio que sana. Aquí, el verde no es un color: es una forma de vida.
El ambiente rural se siente en cada amanecer, en el canto del gallo, en el olor a café recién colado y en la hospitalidad de su gente. Ciudad Bolívar invita a regresar, a quedarse, a entender por qué es considerada la cuna de los arrieros, de donde nació el legendario caballo Don Danilo, ejemplar padre del paso fino en Colombia, símbolo de fuerza, elegancia y herencia.
La cultura arriera se dignifica año tras año con las tradicionales Fiestas del Arriero, celebradas cada noviembre. En ellas, el municipio rinde homenaje a sus raíces con música, desfiles y el emblemático concurso de la vaquía del arriero, una muestra viva del oficio que abrió caminos y construyó región.
Hoy, esta crónica es un homenaje sincero a los hombres y mujeres del campo, a quienes día a día cultivan la tierra con esfuerzo y esperanza, dejando progreso, identidad y futuro para su territorio. Ciudad Bolívar no solo se visita: se siente, se respeta y se honra. Es un destino que habla de trabajo, naturaleza y tradición, y que seguirá siendo orgullo arriero por generaciones.
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