Chupando piña. Por: Carlos Mario Cortés Rincón | Chupando piña
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    Chupando piña


    Desde muy niño siempre escuché decir “chupar piña”, y, obvio, muy rápido asimilé que se trataba de besar, lo que nunca entendí es por qué piña y no mango, guanábana, melocotón u otra fruta diferente. También era común escuchar que alguien pidiera un pico, vale la pena aclarar que el pico se daba en la mejilla y el beso en la boca.

    Con el paso de los años aprendí que la forma más elegante de llamar el beso es “ósculo” o “morreo”, pero, así los términos sean refinados y hagan parte del argot literario, la verdad sonaría muy raro decirle a una mujer, “niña hermosa me gustaría darle un ósculo, juro que estoy tan enamorado de usted que no podría vivir sin sus morreos…” 

    El beso ha sido llamado de muchas maneras en cada una de las diferentes culturas, en el acervo antioqueño existen expresiones como: chupar trompa, chupar jeta, baboseo, besuqueo y otras más. Quiero aclarar que juntar los labios, en otras palabras, besar, no siempre tuvo la misma connotación, en algunos pueblos romanos el hombre besaba a su mujer sólo para saber si ésta había consumido vino, algo prohibido y castigado hasta con la pena de muerte.

    Cabe señalar que, de besos, pechiches (abrazos) y carantoñas (caricias) no trataré en este escrito, ya que eso hace parte de otra faceta de mi escritura como son los cuentos, los ensayos, aforismos y versos, el tema con el cual quiero llamar la atención es el saludo. Admito que desde niño mis padres me enseñaron a saludar y despedirme amablemente, así lo enseñé a mis hijos, lo que no logro entender es cómo, desde cuándo y por qué la gente dejó de saludar, algo tan simple pero, tan poco practicado por algunas personas.

    Hablando desde mi propia experiencia, puedo afirmar que existen quienes parece, les molesta la presencia del otro, se cambian de acera para no acercarse a su prójimo, esto sin contar que en algunas ocasiones me he subido a un ascensor, saludo y no me responden, me despido y nadie dice nada, qué horror, lo miran a uno como rayado, como si saludar fuera una ofensa o despedirse un insulto.

    Hace pocos días un taxista me decía que algunos pasajeros se suben a su carro y no saludan, que sólo atinan a decir “me lleva a tal lugar”, como ordenando, porque hasta pedir un favor les cuesta. Qué triste que se esté perdiendo la costumbre de saludar, de ser amables, de compartir con el otro. Como usuario del servició público de buses, debo decir que siento una gran alegría cuando al pagarle al conductor éste responde a mi saludo, bueno, tal vez haciendo alusión al dicho que “un saludo no se le niega a nadie”, pero me saluda. 

    En este orden de ideas, quiero aclarar que los maleducados no pertenecen a un estrato social determinado, no, en las oficinas más encopetadas de la ciudad y con los personajes que usted menos cree, se queda uno con el saludo en la boca.  Ahora, si por todos lados uno escucha decir que los medellinenses somos amables y saludadores, no alcanzo a imaginar cómo será en otros pueblos o lugares.

    Como estamos en plena campaña electoral para elegir alcaldes y gobernadores, sería bueno que los candidatos en vez de proponer majestuosas obras de cemento, propusieran campañas donde el tema de lo ético haga primar el respeto por el otro.  Si gastan tanto dinero en campañas contra las drogas, el cigarrillo, el aborto y otros temas más, por qué no hacer campañas limpias hacia la sana convivencia, el rescate de los vecinos, las barras de amigos, los buenos modales y otras formas de reconocernos unos a otros.

    Advierto que no me las estoy tirando aquí de puritano o religioso, no, sino que me preocupa la escuela, y, como profesor sé que a niños y jóvenes se les está enseñando más fácil a hacer un robot que a ser personas amables, se les enseña a endiosar los animales, sin importar que maltraten al prójimo. Dicen los que saben que “el niño va a escuela a aprender y que éste debe ir educado de la casa”, pero, escuela, familia y sociedad se deben unir bajo un mismo objetivo, “amaos los unos a los otros”, yo agregaría, saludaos los unos a los otros.

    Pregunto, ¿cuándo nos volvimos tan insensibles y apáticos en mi ciudad? Volviendo con el tema de los políticos o, mejor candidatos, si alguno de ellos me leyera, que bueno sería que introdujera, en su plan de gobierno, “cómo amarnos y respetarnos en la ciudad”. Hoy que en plena campaña los candidatos saludan hasta los postes del alumbrado público y algunos hasta los semáforos, importantísimo que pensaran en temas sociales, en la convivencia de la ciudad.  No se trata de terminar chupando piña unos con otros, ¿cómo sería eso?, lo importante es que nos reconozcamos, nos saludemos y, si es posible nos ayudemos…

    Pd: con relación al abrazo, los antiguos pueblos árabes, estrechaban sus cuerpos para cerciorarse que quien acababa de llegar no tuviera armas debajo de su túnica. Eso más tarde se llamó abrazo.

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