Capitalismo, un sistema benevolente

Por Anton Toursinov

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Las primeras ciudades libres, el Renacimiento, la Era de los grandes descubrimientos geográficos, la Reforma protestante, la Ilustración, la Revolución industrial, la abolición de los absolutismos europeos… Estos y otros acontecimientos de la segunda mitad del segundo milenio de nuestra era cambiaron el paso de la historia de la humanidad. De la producción feudal y artesanal a la producción industrial. Del intercambio primitivo al moderno, basado en el mercado y en el capital producto del ingenio del individuo y de la propiedad privada.

Adam Smith, Jean-Baptiste Say, David Ricardo… Este nuevo modo de producción requirió de bases científicas y epistemológicas que explicarían el funcionamiento del libre intercambio entre personas libres, que actuaran sin coacción ni coerción; que dieran razones y argumentos de las ventajas del mercado libre y de los procesos económicos en los que imperaría el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos naturales fundamentales: a la vida, a la libertad y a la propiedad privada.

David Hume, Arthur Schopenhauer, John Stuart Mill… El nuevo y moderno sistema económico basado en la propiedad privada y la generación del capital se basaron en las ideas éticas que darían razón a la interacción de los individuos dentro de la nueva sociedad humana que se estaba formando. Dicho de otra manera, la preocupación de los filósofos se centró en el estudio de una actitud hacia la realidad. La actitud capitalista.

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El capitalismo, que nace en las postrimerías del Medioevo, es un producto de la mente humana centrada en la productividad a través de la libertad. La búsqueda de la convivencia pacífica entre las personas y de la actitud basada en el respeto de los derechos individuales llevaron a definir los principios del liberalismo clásico, una teoría filosófica, económica y social opuesta al todas las ideas absolutistas – estatistas y colectivistas – que trataban de dominar la mente de las personas racionales (individuos) de aquellas épocas. Y siguen insistiendo: desde el comunismo y fascismo hasta el conservadurismo y fundamentalismo de toda índole.

No obstante, la mayoría de las personas – incluyendo a los académicos que por defecto son seres racionales o, por lo menos, deberían serlo – no son capaces de comprender el valor del capitalismo y la actitud capitalista. De ahí que estas personas suelen llamar “capitalismo” lo que no es: el mercantilismo, el paternalismo o cualquier perversión moderna enfocada en la generación del capital, pero con actitud nefasta: corrupción, favoritismos y, en consecuencia, violaciones a los derechos ajenos.

Entonces, es necesario recordar que el capitalismo es definido como un sistema económico y social basado en la propiedad privada como medio de producción y generación del capital, y derivado de la acción libre, intercambio voluntario y el respeto hacia los derechos individuales. Como cualquier sistema epistemológico, el capitalismo sirve de objeto de distintas ciencias, ideologías, sistemas filosóficos y éticos, a menudo contrarios entre sí en las visiones del papel del Estado benefactor, de las regulaciones, del tamaño del gobierno, etc.

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En un sistema – en este caso capitalista – el individuo no actúa de manera aislada sino en pro de la sociedad. Dicho de otra manera, el bien común es el conjunto de los bienes individuales y, habría que agregar, de las actitudes individuales.

Entonces, el capitalismo verdadero, tal como lo conocemos en la práctica en sus manifestaciones en mayor o menor grado en los países con altos índices de desarrollo humano – Suiza, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Nueva Zelanda y otros – es un sistema benevolente basado en el libre mercado, Estado de Derecho (nótese que en ninguno de estos países existe la pena de muerte, el índice de violencia es casi nulo y la religiosidad es inexistente) y respeto a la propiedad privada.

No hay argumentos racionales a favor del “camino socialista” (lo mismo que comunista, fascista, fundamentalista, etc.). que solo promueve la violencia, ilegalidades y opresión. El ejemplo está en las vecinas Venezuela y Cuba.

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