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El camino es la yuca amarga

Por: Juan Camilo Restrepo Gómez

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El incremento en el valor de las materias primas en los mercados internacionales, sumado a la devaluación del peso a escala mundial (caso Rusia, Ucrania, entre otros temas), nos impone la imperiosa necesidad de que Colombia, sin discusiones politiqueras y mamertas, piense y realice acciones por una verdadera sustitución de importaciones en el sector agropecuario. ¡Pasar de la habladera a la producción, es la tarea y la apuesta de este Gobierno!

La yuca industrial (amarga) ha sido llamada el cultivo del cambio climático, por sus excelentes condiciones de adaptabilidad a diferentes climas y suelos. Esta actividad agrícola requiere de bajas inversiones para su establecimiento y ha sido utilizada por la industria de alimentos balanceados para la alimentación animal. El producto tiene un ciclo de producción corto, requiriendo de sólo 12 meses entre siembra, cosecha y procesamiento; y lo más importante, es su necesidad de mano de obra en todas sus fases, aportando así al empleo y al bienestar social. ¡Necesitamos inclusión y crecimiento de mano de obra en el campo colombiano!

El tema no da espera: si Colombia quiere ir paulatinamente sustituyendo las 8 millones de toneladas de graneles que importa año tras año, debe ser competitivo en la producción de maíz amarillo, y otros alimentos.  Una opción complementaria, y altamente rentable, social y económicamente, es la siembra de yuca amarga, bajo la modalidad de Agricultura por Contrato, como lo impulsa y  aplica la Cooperativa Lechera de Antioquia, Colanta.

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En Antioquia, especialmente, podríamos consolidarnos como una región sembradora de yuca amarga. Extendiendo una mirada al Sur de Córdoba y al Bajo Cauca Antioqueño, hemos propuesto, para los próximos 4 años, impulsar la siembra de 10.000 hectáreas de este producto, en estas subregiones. Esto nos permitirá, además, consolidar la vocación productiva de dos regiones que requieren de manera urgente la presencia institucional.

El proyecto, beneficiaría a las localidades de Tierralta, Puerto libertador, San José de Uré, Montelíbano, Planeta Rica, Buena Vista, La Apartada, Pueblo Nuevo, Valencia y Ayapel, en el Sur de Córdoba;  Cáceres, Caucasia, El Bagre, Nechí, Tarazá y Zaragoza en el Bajo Cauca Antioqueño,  llamado justamente “Yuca para la Paz”, buscaría impulsar las capacidades productivas de agricultores de yuca amarga, conectándolos con la industria nacional bajo el modelo de Agricultura por Contrato y la instalación de infraestructura de procesamiento en su territorio.

Sus objetivos específicos, son claros y bien calculados: Establecer la siembra de al menos 10.000 hectáreas del cultivo de yuca industrial en estas subregiones; Fortalecer la capacidad productiva y administrativa de los agroempresarios y las asociaciones, mediante un modelo de acompañamiento validado que incluya asistencia técnica, entrenamiento, crédito de fomento y recursos en especie; Instalación de infraestructura comunitaria de picado, secado y almacenamiento de yuca: la industrialización del proceso de picado y secado permite asimilar el aumento continuo de las áreas de siembra y desarrollar un modelo productivo con relaciones a largo plazo entre empresarios del agro y la industria.

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El compromiso de mi Oficina de Alto Comisionado para la Paz, unido al entusiasmo de los habitantes de las localidades señaladas participantes, sumados al exitoso modelo Agricultura por Contrato (lo   que asegura la comercialización de las cosechas), garantizaría el éxito.

¡Es con hechos, Colombia lo necesita y el gobierno del presidente Duque, lo sabe y lo apoya!

Nota final: Felicitaciones a Colanta por ser una cooperativa que le apuesta al agro colombiano, no solamente impulsando la siembra de la yuca amarga, sino ratificando su no importación de leche y, por supuesto, jugarle limpio al productor y al consumidor colombiano.

 

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