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Opinión

Biden, el hombre

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Ivan de J Guzman Lopez Sol de Medio Dia tn

Decir que Joe Biden es socialista, es como escuchar a un tonto acusándome de ser ateo. Sin duda, Biden es de la más pura estirpe democrática (demócrata de Partido y de filosofía), la misma esencia que dio origen a una de las democracias más sólidas del mundo y que se ha mantenido fiel a estos postulados, sembrados desde el 2 de julio de 1776, cuando los padres de la nación norteamericana John Adams, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington, firmaron la declaración de independencia.

Valga decir que los 7 padres de la patria americana se aseguraron no sólo de fundar un gran país, sino también de legarle un sistema de elección presidencial que garantizara una representación democrática fuerte y real de cada Estado en la vida futura de la gran Nación, con un sistema de pesos y contrapesos que evitara la concentración de poder (concentración esta que mucho gusta en nuestros países latinos y que tanto daño le ha hecho a Colombia), así como la metodología del Colegio Electoral, donde son los Delegados de cada Estado, elegidos a su vez por sus respectivos habitantes, quienes llevan la responsabilidad de elegir al presidente de la Nación.

Creo que la tranquilidad llega al mundo, después de unas elecciones contaminadas por comportamientos rastreros, propios de partidos tercermundistas, donde las acusaciones espurias y sin soporte alguno fueron pan diario, y que, obviamente, pretendían torcer la voluntad de gentes latinas afincadas en Estados como New York o La Florida, o al menos encontrar oídos receptivos entre votantes cubano-americanos y venezolano-americanos que han sufrido en carne propia las desastrosas dictaduras de sus países nativos.

Acusaciones irrespetuosas y llenas de ignorancia que señalaban a Biden de «sleepy Joe» – o «el soñoliento Joe», o de que sería un «socialista», no pasaban de causar escozor, en un país gigante como Estados Unidos y en un mundo que requiere con urgencia pregoneros y hacedores de paz.

En su discurso del 17 de agosto, en Wisconsin, “Trump dijo que si Biden gana las elecciones del 2 de noviembre, Estados Unidos se convertirá en «una gran Venezuela». Agregó que «antes yo lo decía a la ligera, pero ahora lo digo muy fuerte, porque es una ideología similar: esto será una Venezuela en gran escala si ellos ganan»”. Hasta por allá sonó la palabreja “castrochavismo”.

Biden (el segundo católico que llega a la Presidencia, después de John F. Kennedy), nació el 20 de noviembre de 1942, en Pensilvania; desde que tenía 29 años, y durante los 36 posteriores, fue senador por el Estado de Delaware (al cual llegó con apenas 10 años de edad).

Creo que esto nos garantiza un presidente lleno de experiencia y capacidad política, para tomar las decisiones que conlleven lo mejor para Norteamérica, para el mundo (valga decir) y el convertirse en real esperanza de paz y prosperidad.

Electo Biden, sólo esperamos que los discursos del odio y las mentiras cesen; que se busque la línea del progreso económico y social, para bien del pueblo estadounidense y para otros pueblos asolados por la pandemia, por el crimen, por el narcotráfico, por el desgobierno, por la corrupción, y en general, para naciones que viven en vilo pues están en manos de “presidentes orates” con misiles a bordo para amenazar al mundo, o “mandatarios tontos y serviles” con machete en mano para agredir al vecino.

Para cualquier analista que haya seguido el proceso electoral con desapasionamiento y mirada juiciosa, es claro que Biden eligió principalmente a demócratas centristas y conservadores, así como a republicanos, para hablar en la convención demócrata, y estamos seguros que con ellos ha de gobernar.

Adicional, escogió a Kamala Harris, una senadora de línea moderada, como su compañera de fórmula, lo que nos permite otear que desde los albores de 2021 veremos a un hombre equilibrado, civilizado, si se quiere la expresión, pensando en recomponer la vida económica, social y política de Norteamérica, y de paso, claro está, enderezar el caminado de algunos gobernantes que todavía no se dan por enterados de que son presidentes.

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