El pasado mes de febrero de 2014, una investigación realizada por científicos de la Harvard School of Public Health (HSPH) y de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai (EEUU), señalaba que el DDT y otros pesticidas pueden provocar un aumento de trastornos del desarrollo neurológico en los niños, como trastorno por hiperactividad y déficit de atención (TDAH) o dislexia.

Más concretamente, la investigación reveló que las mujeres embarazadas que viven cerca de campos y granjas donde se aplican estos compuestos experimentan dos tercios más de riesgo (un 66%) de tener un hijo con trastorno del espectro autista o con retraso en el desarrollo, informa la agencia Sinc. Se comprobó que esta relación fue más fuerte cuando las exposiciones se produjeron durante el segundo y tercer trimestres del embarazo.
Por todo ello, los científicos recalcan que “las embarazadas deben tener especial cuidado para evitar el contacto con productos químicos agrícolas siempre que sea posible”.
Características del estudio
Para alcanzar estas conclusiones, la investigación examinó las relaciones entre clases específicas de plaguicidas -incluyendo los organofosforados, piretroides y carbamatos – aplicadas durante los embarazos de las 1.000 participantes en el estudio y los posteriores diagnósticos de autismo y retraso en el desarrollo en su descendencia (niños de entre 2 y 5 años).
En total fueron identificados veintiún compuestos químicos en la clase de los organofosfatos, incluyendo clorpirifos, acefato y diazinón. Los organofosforados aplicados en el transcurso del embarazo se asociaron con un riesgo elevado de trastornos del espectro autista, particularmente para aplicaciones de clorpirifos en el segundo trimestre.
Los piretroides fueron moderadamente asociados con el trastorno del espectro autista inmediatamente antes de la concepción y durante el tercer trimestre. Los carbamatos aplicados durante el embarazo se asocian con retraso del desarrollo.
Aproximadamente un tercio de las participantes vivían en las proximidades –de 1,25 a 1,75 kilómetros– de los lugares de aplicación de pesticidas comerciales. Según los investigadores, algunas de las asociaciones entre pesticidas y problemas neurológicos en la descendencia fueron mayores entre las madres que vivían más cerca de los lugares de aplicación; y fueron disminuyendo conforme las madres se alejaban de las zonas de aplicación.
Contaminación en ciudades y autismo
En junio de 2013, otra investigación, realizada en la Harvard School of Public Health (HSPH) de Estados Unidos, reveló que las embarazadas que viven en zonas urbanas muy contaminadas tampoco están libres de padecer un riesgo aumentado de tener niños con autismo.
Según este otro estudio, la contaminación del aire durante el embarazo puede doblar dicho riesgo, si se compara con el peligro que corren gestantes que viven en áreas con escasa contaminación.
Según la HSPH esta otra investigación constituyó el primer análisis nacional a gran escala de la relación entre autismo y contaminación del aire en los Estados Unidos.
Otros riesgos para gestantes y descendencia
En 2013, un estudio de la Universidad de Granada (España), reveló que las mujeres almacenan en su organismo niveles de un derivado del organoclorado DDT (el DDE, el metabolito más persistente de este pesticida) que los hombres (prácticamente el doble).
Dichos niveles de contaminación no afectarían sólo a la salud de la mujer, sino también a la de su descendencia, advirtieron los investigadores de la UGR. De hecho, se han relacionado con diversos efectos en salud evidenciables al nacimiento (como malformaciones en el tracto genitourinario) o, más tarde, durante la vida adulta de sus hijos (obesidad, alteraciones neuroconductuales).
Por último, en marzo de 2013, otra investigación de la Universidad de California Davis (EEUU) reveló que las niñas expuestas a altos niveles de DDT cuando aún estaban siendo gestadas en el vientre de sus madres eran tres veces más propensas a sufrir hipertensión en la edad adulta.
El DDT es un compuesto organoclorado incoloro y cristalino muy usado hasta los años ochenta como insecticida y plaguicida. Después llegó su prohibición, pero como fue un compuesto originalmente diseñado para ser muy resistente a la degradación, aún sigue presente en el medioambiente y en la cadena alimentaria. Eso sin contar que aún se utiliza para el control de plagas en ciertos países, como Marruecos o Sudáfrica.
Fuente: tendencia21.net
- Compartir:
- Compartir en Facebook
- Compartir en X (Twitter)
- Compartir en WhatsApp
- Comentarios