Síguenos

Opinión

¿Aún es rescatable, lo “público”? (I)

Publicado

el

FOTO 4 recinto del Concejo Copiar
  1. CONTEXTO FUSIÓN UNE.

Premisa fundamental del neoliberalismo, de la economía de mercado, global, es la minimización del Estado, en su tamaño burocrático, pero fundamentalmente en que sea un Estado desregulador, que deje de hacer lo que tradicionalmente ha hecho de manera ineficiente y fundamentalmente, que desde su poder ejecutivo y su poder judicial, (fuerzas judiciales armadas), sea garante de plena seguridad jurídica, para los inversores trasnacionales. (no expropiación, estabilidad e incentivos tributarios, remesas, defensa, régimen laboral, seguridad social, destrucción de valor, innovación, tecnología etc.)

Desde el criterio de eficiencia y con el advenimiento del Estado Social de Derecho, tanto servicios, como funciones irrenunciables del Estado, como la de dispensar justicia o las de proveer infraestructuras viales, de agua potable, de higiene y saneamiento, energía, comunicaciones, transporte, etc., cayeron de manera general o específica, bajo la  nomenclatura de servicios públicos esenciales, pero susceptibles de ser prestados por particulares o privados, en las condiciones de un mercado global, altamente competitivo. Es el primer componente de lo que se ha llamado la privatización del Estado, en tanto el nuevo dios de la humanidad, es el mercado, a cuyas fuerzas liberadas, cayeron los  conceptos y la entidad misma de los estados nacionales, de soberanía, de Derecho y de ordenamiento jurídico, en tanto éstos dos últimos son objeto de evaluación en términos de coste-beneficio, pues es al mercado al que se deja librada la solución de todas sus desviaciones y la  producción de la riqueza suficiente, hacia la consolidación de la derrota de: la pobreza, el hambre, la enfermedad, la exclusión, la inequidad, la inseguridad humana y en pos del estado de felicidad, en el marco del desarrollo sostenible.

Imposición de la economía de mercado, es el derrumbamiento de las fronteras económicas y en cada estado nacional, la eliminación de toda clase de subsidios a bienes y servicios producidos o prestados por el Estado y la permisión de que los sectores privados trasnacionales, puedan jugar sus partidas, en los patios de cada estado nacional, además, en áreas como la provisión de infraestructuras de servicios públicos esenciales, vivienda, salud y farmacéutica, energía, agua potable, aseo, transporte, comunicaciones, etc.

Esta economía de mercado global, al tener un estado desregulador, introduce el eficientismo, -nefasto en la administración de justicia- y en todas las demás áreas de la economía y en principio, aunque el estado seguía prestando algunos servicios tradicionalmente a su cargo, esos mismos servicios empezaron a ser prestados por los privados, nacionales y transnacionales o en alianzas, -entre ellas las APP-, pero bajo las condiciones del  mercado global. Obviamente, que a los inversores transnacionales, nada les preocupa el tema de materias primas lejanas, ni los problemas de seguridad nacional o personal en cada estado en particular, pues ellos, en los mismos mercados nacionales, adquieren o forman sus estructuras de seguridad,  a la que suman las fuerzas regulares del estado. Así, dada la alta movilidad de capitales transnacionales, es ostensible que a los privados les resulta más fácil, productivo y rentable la prestación, en las condiciones del mercado global, de todos esos servicios que tradicionalmente han sido prestados por  los estados nacionales y que si bien prestan en sus territorios, ineficientemente, no pueden hacerlo a escala global, bajo los marcos de la competitividad impuesta por el  mercado, logrando así la primera hazaña: el despojo del mercado nacional, para los servicios prestados por cada estado nacional, produciéndose normalmente su estrangulamiento desde lo tecnológicoy de grandes economías de escala, por las altas inversiones que ello demanda, como ocurre en el tema de comunicaciones, salud, transporte, aseo, etc.  De esta manera, servicios públicos esenciales, tradicionalmente prestados  por el estado, terminan siendo prestados totalmente por los privados, limitándose el estado a un papel de mínimo regulador, comprometiendo incluso su soberanía –ya en decadencia-, como es visible respecto de la órbita geoestacionaria y el espectro electromagnético.

El primer gran triunfo de la economía de mercado, no es tanto el empequeñecimiento del Estado, sino el envilecimiento de su principio fundamente, el núcleo mismo del monopolio de la fuerza legítima y el ordenamiento jurídico, como su contrapeso, lo que genera ingobernabilidad e inseguridad jurídica, personal, económica, política, etc.

Obviamente, la apuesta no  podía ser menos desigual, el Estado no puede inscribirse en el contexto del mercado global, como un inversor, industrial o empresario más. De esta manera, el Estado se redujo a desregular (intervencionismo, dirección de la economía, leyes antimonopolio, derechos de autor, invenciones, marcas y patentes), pero se le sometió a regular, desde el crear las condiciones legales propicias, conforme a las condiciones y exigencias de la economía de mercado global, desde el ajuste constitucional y legal y desde una administración de justicia, breve, sumaria, veloz, de mera geometría jurídica, casi de algoritmo jurídico, en la relación coste : beneficio. El Estado finalmente termina reventado, en puro y creciente asistencialismo, derivado en subsidios para servicios públicos, para los sectores de menos poder adquisitivo, pero pagados por los sectores de más alto poder adquisitivo, viviendas gratis, educación gratis, salud etc.

Lo contradictorio es que el sector privado, por lo general de grandes inversionistas, además de generar la pérdida de numerosos puestos de trabajo en el Estado, -reducción de burocracia-, a la par, no ha creado nuevas industrias y en las existentes, ha procedido a la destrucción de valor, generando procesos de innovación y renovación tecnológica, desde la imposición de modelos educativos, a cargo del Estado, que están calculadamente dirigidos a no generar puestos de trabajo, por lo que a diario crece el ejército de desocupados y el número de actores en la economía informal  o de rebusque y en actitud leonina, ese mismo sector privado, le sitúa al Estado la obligación de generar empleo, generalmente a través de la construcción de infraestructuras, dizque necesarias a la competitividad, en las que no pocas veces participa el capital transnacional.  ¿Qué significa todo esto? Que día a día, los inversores, no sólo concentran más y más la riqueza, sino que día a día, crecen incalculadas sus ganancias, a la par que crecen, la corrupción pública y privada, el desempleo, el hambre, la exclusión, la marginalidad, la inseguridad jurídica, personal, política, social. ¡El Estado ha sido secuestrado!

  1. EL BIEN PÚBLICO, EL PATRIMONIO PÚBLICO.

Así, reitero lo dicho en mi artículo anterior, <<Los “H” concejales de Medellín>> y especialmente lo referente al concejal Guerra Hoyos, pues lo  dicho desde la “H” de humano, hasta la de hombre público y sobre todo hombre público de VOCACIÓN, está vinculado al contexto anterior. El anterior escrito, fue posterior a la intervención del Dr. Guerra, en la cual anunció su voto negativo, sobre el cual no expresé juicio de valor ninguno; me limité a ver y sentir a un Honorable concejal, en su curul y en su rol, ahí en el recinto del concejo.

Infinitud de veces, tanto el concejal Guerra, como los demás concejales, trajeron como palabras, -que se lleva el viento- y no como conceptos, el BIEN PÚBLICO, el PATRIMONIO PÚBLICO; quizás muchos de ellos, puedan dar concepto del patrimonio público, pero estoy seguro, que ninguno puede atinar, respecto a BIEN PÚBLICO, desde la ontología, la axiología, la deontología, la epistemología y la principialística constitucional y jurídica.

Las más cercanas referencias a bien público, pueden situarse, con esfuerzo, en el contexto de la propiedad privada, a que se refieren los artículos 58, 63 y 82 de la Constitución. El artículo 58, pone los primeros linderos, al establecer que cuando por causas, razones o motivos de utilidad pública o interés social, haya conflicto entre los derechos particulares y los fines o necesidades de utilidad pública o interés social, a satisfacer, remediar o solucionar, “…el interés privado deberá ceder al interés público o social.”

Vuelvo y afirmo, estoy seguro que ninguno de los concejales de Medellín, está en capacidad de dar siquiera mínima noción de utilidad pública, interés social, interés público.

Como lo ha reiterado la Honorable Corte Constitucional, la utilidad pública, el interés público o el interés social, son conceptos indefinidos, pero NO CHEQUES  GIRADOS en BLANCO a favor del ejecutivo.

Todos los concejales de Medellín, desde la libertad para votar sí o no, por el proyecto de acuerdo 106, conocido como de fusión de UNE, todos, echaron mano de la defensa del BIEN PÚBLICO y yo pregunto: ¿Cuál bien público defendían? ¿Defendían a UNE, como bien público, desde lo patrimonial?  ¿Alguno defendió a UNE, desde los conceptos de utilidad pública o interés social? O, ¿Alguno defendió a UNE, desde la prevalencia del interés general, sobre el interés particular o privado?

Claro que sí. Con aplomo lo hicieron, desde, -digo yo-, el sentido común, muy cívicos y civilistas, Jesús Aníbal Echeverry, Luis Bernardo Vélez, Juan Felipe Campuzano, Miguel Quintero, Ramón Acevedo, -cómo sabe que las palabras son seres vivos-, y con mucho compromiso, responsabilidad y estudio Nicolás Duque.

¿Por qué no cabe en la lista el Dr. Guerra? Sencillo. Él es un político, específicamente, un hombre público de vocación, lo que “…significa, en efecto, que esta figura es vista como la de alguien que está “internamente llamado” a ser conductor de hombres, los cuales no le prestan obediencia porque lo mande la costumbre o una norma legal,  sino porque creen en él, y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, “vive para su obra”. Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido.”, calidad a la que anuda, también la faceta de hombre público de profesión, desde “él vive para la política”, nada más y nada menos, que para “…la dirección o la influencia sobre la trayectoria de una entidad política, aplicable en nuestro tiempo al Estado.”, de otro modo, “…aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder por el poder,  para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere.”  El Dr. Guerra, sabe bien que “lo que en política no sea posible, es un error”, por eso puede “aparecer” como impredecible, pues desde su discurso se aprecia coherencia con su rol, la que refuerza con su capacidad histriónica, de tal modo que su verdadero “ente” político, permanece oculto en estos escenarios puntuales, por lo que su argumentación discursiva, tiene forma de aparato contundente, manda dobles y mandobles y explota las pasiones y emociones de la clientela, con empleo de palabras, de doble sentido o de perfecto sarcasmo, sin caer en la vulgaridad y dentro de la tolerancia social y políticamente permitida, utiliza recursos legítimos y legales a su disposición, desde la exigencia a otros servidores públicos de cumplir con sus deberes funcionales y la queja y la denuncia, ante las autoridades competentes, resueltamente dirigido como a definir todo en el primer round y es aquí donde su discurso argumentado y apoyado en diversos textos, deja tirados y regados a tirios y troyanos; repito entonces, “cojan ese trompo en l´uña.”

Los concejales de Medellín, desde sus curules han intentado la defensa de sus equipos políticos, la defensa del patrimonio y de los bienes públicos, las “tesis” sociales, la inversión social, pero a su vez, unos más, otros menos, andan borrachos y bebiendo con M. FRIEDMAN. ¡Qué locura!

Publicidad