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Así no habrá Paz

Por: Bernardo Henao Jaramillo

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Esta semana se radicó el proyecto de ley para la «paz total».

En nuestro país desde antaño los gobiernos y los políticos han enarbolado la idea de la paz y bajo ese manto se han concedido amnistías, entrega de beneficios económicos, territoriales, y de toda estirpe a grupos al margen de la ley.

La mayoría del pueblo colombiano, gente trabajadora y de buena fe, ansiosa de verdaderamente vivir en paz ha sido condescendiente con los “favores” que a su costa se les otorga a quienes han sido sus verdugos. Valga recordar, entre otras, la ley de amnistía que firmó Belisario Betancur y el pacto que suscribió con el M-19 en Corinto, Cauca, y en Hobo, Huila, en 1984, la respuesta de los insurgentes el asalto al Palacio de Justicia en 1985, acto nefasto que, además, de la muerte de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de varias personas asistentes en el lugar, dio inicio al derrumbamiento de la justicia.

Y más cerca se encuentra el Acuerdo de la Habana, incorporado al bloque de constitucionalidad por medio de fask track, el que según se anunció, se llevó a cabo para finalizar el conflicto armado y sentar las bases de una paz estable y duradera, esto es la paz total, la que mejor se hubiera obtenido respetando el querer de la generalidad de los colombianos e invirtiendo las cuantiosos y elevadísimas sumas que ha generado en la población más vulnerable. La paz sólo se logrará con justicia y libertad.

Entonces, ¿cuál es la verdadera intención de una nueva ley con la misma finalidad? Básicamente se trata de modificar la ley 418 de 1997, mediante la cual se consagraron unos instrumentos para la búsqueda de la convivencia y la eficacia de la justicia. Se aduce que la paz debe ser una política de Estado, para ello no es necesaria una nueva ley, la Constitución en el preámbulo y en sus artículos 22 y 95 la consagra como un derecho y un deber. Luego, la iniciativa debe dirigirse a dar ejemplo y actuar de conformidad con la Constitución.

El respeto a la Carta Política es herramienta suficiente para lograr ese anhelado objetivo, que no un concepto que solamente tiene la apariencia de ser correcto, pues, dado que se trata de la humanidad y no de los ángeles, resulta completamente imposible que la paz sea total, completa, perfecta, plenamente satisfactoria.

Eso jamás se podrá lograr y únicamente se utiliza para engañar, una vez más, al pueblo incauto.
Pero, ¿podrá haber paz cuando, como se viene viendo, es lugar común decir que en Colombia ser delincuente paga? El mencionado proyecto, entre otras cosas, pasa por el levantamiento de órdenes de captura, incluyendo las que tienen como fin la extradición, para los integrantes de los grupos criminales involucrados en este asunto. Otra parte del proyecto se refiere a ubicación, temporal, según se dice, en determinadas zonas del territorio nacional, de los criminales.

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Habrá regiones llamadas «de paz» y municipios Zomac que se suponen parte de zonas vulnerables. Más que soluciones crea inconvenientes a las comunidades que deben convivir con la llegada de bandas criminales. Y se dice que el objetivo buscado es el alto al fuego que desafortunadamente no es igual a paz y menos a paz total.

La supuesta constitución de “regiones de paz” trae a la memoria de los colombianos las zonas de distensión, San Vicente del Caguán, y lo que en ellas ocurrió durante el proceso de paz del presidente Andrés Pastrana, que no fue otra cosa que el recrudecimiento de la violencia y el fortalecimiento de la FARC.

Ahora nos dice Iván Cepeda, a quien se ha atribuido la autoría de este proyecto, que no es así, que no se trata de «pequeños caguanes» como inmediatamente fueron bautizados, más sin embargo, aparte de la burocracia que se crea -comisionados de paz designados por Petro- indicó que esas zonas “tendrán sus propias políticas”. ¿Se le puede creer?

Tan preocupado se encuentra el senador de marras que no le prospere su genial iniciativa en el Congreso que, cuestionablemente, ha publicado un video en su cuenta de Twitter donde dice textualmente: «Llamo a la movilización social y ciudadana por el cese al fuego multilateral y la paz total». No podemos olvidar lo acontecido hace un año con esas movilizaciones y el daño que causaron.

Por ventura será que ellos llaman paz a todos los desmanes que padecimos.
Es particularmente álgido el tema de pretender amarrar al siguiente gobierno y aún a los que vengan después a su estilo de paz, por considerar que esa es la paz total y lo que en la práctica resulte de ella debe ser una política de Estado, cualesquiera que sean sus reales resultados, cualesquiera que sean los problemas que presente.
Como ya se ha anotado en medios de comunicación la única “desmovilización” ha sido la de las Fuerzas Militares y de Policía, el «descabezamiento» de más de 86 generales, sólo produce incertidumbre y desconfianza en la población y desmoralización en la tropa, en nuestros héroes.

Harán falta unos 30 años para llenar el vacío que ellos dejan. Con un ligero plumazo se causó grave daño a la seguridad del país, a la institucionalidad, sin tener en cuenta su tiempo de formación, su experiencia, su entrega. En cambio, se sublimiza a los denominados Primera Línea y se revela que el nuevo director de la Policía debe dialogar con ellos para concertar los cambios que se quieren hacer al Esmad, aunque los voceros de ese grupo ya dejaron conocer que su finalidad es eliminarlo. Es una afrenta a todos los colombianos.

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Si la paz total pasa por algo parecido a la aniquilación de las FFMM y de Policía, a la amnistía de la peligrosa guerrilla disidente y narcotraficante, la negociación con criminales de todos los pelambres, incluyendo a los ladrones de celulares, según la descabellada propuesta del minJusticia, estaremos frente a una claudicación, la rendición, esa sí total.

Entregarse y ceder el país al crimen organizado. Ni más ni menos. Porque en algún punto se han encontrado izquierda radical y criminalidad extrema y al final del día lo que se pretende es imponer el imperio del terror y de las armas y hacer proliferar el negocio maldito del narcotráfico, germen de la corrupción, entre otros males. Eso les interesa más que las ideas de izquierda. Cuando ya no sean útiles a los fines de los criminales sabrán los políticos de extrema izquierda lo que es pactar con bandidos que no respetan la ley, con excepción de la ley del monte.

Si bien el prócer Francisco de Paula Santander dijo: «Colombianos, las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad», lo cierto es que el exceso de proyectos ha hecho añicos la sabia frase, la ha sepultado en una avalancha de iniciativas de reforma a la Constitución y a las leyes, creando inseguridad jurídica, situación totalmente extraña a la paz total.

Al tiempo de escribir esta columna están en curso en el nuevo Congreso 300 proyectos de reformas de los cuales 32 se refieren a la Constitución. La justicia no se hace con toneladas de normas, la justicia se consigue cumpliendo y aplicando las que ya existen. Fatou Bensouda, Fiscal de la Corte Penal Internacional, expresó “El acuerdo de paz reconoce el lugar central de las víctimas en el proceso y sus legítimas aspiraciones de justicia”, que no el perdón a los victimarios y la total ausencia de justicia y reparación a las víctimas.
Pildorita I: Falleció esta semana Mijael Gorbachov, abogado y político ruso, último dirigente de la Unión Soviética, de la cual fue su presidente de 1988 a 1991.

En 1990 recibió el premio Nobel de la Paz, por lo que constituye su más importante legado: el fin de la guerra Fría entre las dos superpotencias de entonces Incomprendido en su país, pero admirado en el resto del mundo. La Perestroika fue quizás el mejor intento de una reforma política y económica para tratar de conseguir democracia en Rusia.

Pildorita II: Dolor y tristeza inmensa se siente por la vil masacre de los policías Wilson Cuellar Lozada, Luis Sabi Gutierrez, Duverney Carreño Rodríguez, Jhon Bautista Vargas, Cristian Cubillos Borbon, Santiago Gómez Endes y Arles Mauricio Pascual Figueroa, en el Huila. Dios les acoja en su Reino.

@HenaoBernardo

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