
Voluntarios y personal de servicios de primeros auxilios sirios muestran pancartas e imágenes de las víctimas del supuesto ataque químico que se produjo el pasado martes en la localidad siria de Jan Shijún, durante una concentración convocada en Douma, para mostrar su solidaridad con los fallecidos. EFE
Con un violento dolor de cabeza y convulsiones inician los síntomas que el cuerpo experimenta cuando es expuesto al gas sarín, que fue utilizado en Siria por el régimen de Bashar Al Asad, tal como denuncia el gobierno de Estados Unidos. Posteriormente, el químico causa convulsiones y paros respiratorios que conllevan a un estado de coma y a la muerte por paro cardiorespiratorio.
El sarín es un poderoso gas neurotóxico inoloro e invisible que puede ser utilizado en aerosol, o para envenenar agua o alimentos. Fue descubierto en Alemania en 1939, país que ordenó su producción en masa para ser utilizado en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que este compuesto hizo parte de su armamento, no hubo registro de que los nazis hayan usado el gas durante ese conflicto.
El sarín fue usado durante la dictuadura chilena, bajo el liderazgo de Augusto Pinochet, para asesinar a opositores. También lo utilizó el grupo terrorista Aum Shinrikyō en los ataques químicos al subterraneo de Tokio en 1995.
El pasado martes, un ataque con sarín mató a 83 personas y dejó heridos a cientos en Idlib, una provincia siria dominada por los rebeldes que se enfrentan al gobierno de Bashar Al-Asad, quien ha sido culpado por países de occidente como el responsable de la matanza.
El régimen sirio fue responsable del asesinato de entre 700 y 1.400 personas en agosto de 2013 en Zamalka, en los alrededores de Damasco, cometido con otra bomba de gas sarín, según pudo probarlo la ONU. Los rebeldes, según reporta la prensa internacional, no tendrían una fuerza aérea capaz de ejecutar un ataque de esta magnitud.
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