Más de 600.000 muertos en seis años, la gran mayoría civiles ajenos por completo al conflicto; 12 millones de desplazados en un país con 22 millones de habitantes; 5 millones de refugiados, la infraestructura de todo tipo casi destruída y el tirano, único y exclusivo responsable de este infierno, todavía en el poder, son algunas de las aterradoras cifras de lo que pasa hoy en Siria. Hay que recordar que todo comenzó con las agitaciones sociales que a comienzos del 2011 se dieron en algunos países árabes, inspiradas en el descontento social por las autocracias y las dictaduras y las consecuentes violaciones de derechos humanos, falta de oportunidades, represiones y pobreza, que tenían asegurado este tipo de gobiernos, fenómeno que se conoció como la “Primavera árabe” y que tumbó a varios gobernantes despóticos como los de Egipto, Túnez, Libia y Yemen, estos indiscutibles éxitos motivaron la sociedad siria, la cual salió a las calles a exigir la renuncia de Bashar Al-Asad, que con el pretexto de que las revueltas estaban infiltradas y auspiciadas por grupos terrorsitas, encontró el pretexto perfecto para comenzar el desangre.
Su padre, Hafez Al-Asad, también dictador, le heredó el poder como si este pasara de una generación a otra sin necesidad de la aprobación popular, en consecuencia, un dictador sin ninguna legitimidad, que como el más cobarde de todos, decidió irse en contra de su pueblo, solo porque éste quería democracia, libertades y oportunidades para satisfacer necesidades básicas. La ONU, la OTÁN, la Liga Árabe, todos han hecho la vista a un lado mientras la matanza continúa día a día.
Ha hecho más complejo el problema la existencia del grupo terrorista Estado Islámico, también conocido como Isis, que ha adquirido un poder de una magnitud tal, por fortuna hoy ya menguado, que con el respaldo, se cree, de la familia real de Arabia Saudita, lo que ha de entenderse como que puede contar con todo el dinero del mundo, se apoderó de importantes territorios en algunos países del medio oriente, especialmente en Irak.
Este grupo se involucró en el conflicto sirio y junto con la milicia rebelde, respaldada militarmente por los Estados Unidos, encontraron causa común para derrocar el sátrapa, lo que como podrá entenderse, ha echado más leña al fuego, porque Al-Asad ha encontrado más pretextos para no dejar el poder e, irónicamente, ha contado con la solidaridad de otras naciones, hasta el punto de vender la idea que su gobierno está es conteniendo una amenaza terrorista. Tanta suerte ha tenido, quién lo creyera, que hasta con la coalición internacional, que no lo quiere en el poder, ha tenido un objetivo común: la destrucción del Estado Islámico y en esa tarea han enfilado sus esfuerzos, ya que esta agrupación terrorista se metió a Siria y quiere derrocar al régimen.
En el 2013, Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, quiso bombardear y debilitar militarmente a Al-Asad, porque se tenía certeza de la utilización de armas químicas, pero intervino Rusia y se logró un acuerdo para que el tirano se deshiciera de las mortales armas. Se desistió del bombardeo. La semana pasada el régimen otra vez utilizó armas químicas, gas Sarín, en contra de la población civil y quedó claro que había sido una farsa la supuesta destrucción de las armas químicas, fue la gota que rebosó el vaso, como dijo un experto.
Se dijo en los medios informativos que Donald Trump quedó tan impresionado con las fotos que vió de muertos, dentro de los que se encontraban niños, que no dudó en autorizar el bombardeo, 59 misiles Tomahawk hicieron blanco en territorio sirio en la base aérea desde donde salió el ataque con el gas Sarín. Las reacciones de los amigos del dictador no se hicieron esperar, pero afortunadamente fueron más los aplausos que recibió el desprestigiado, pero en esta ocasión valiente presidente norteamericano, de la comunidad internacional, OTÁN incluida. Y la embajadora de este país ante la ONU notificó que esto no había sido nada ante lo que se vendría de volver a utilizar armas químicas.
¡Cuánto nos alegramos algunos de haber visto una vez más a ese policía global que es Estados Unidos de actuar (cuando las circunstancias obligan a ello) donde nadie más lo hace para persuadir o detener monstruos y evitar muertes y desolación!
Organizaciones como la ONU y la OTÁN, como muchas potencias occidentales, permanecen impertérritas, como si nada. Es hora de sumar esfuerzos y obligar a la dictadura que abandone el poder, de lo contrario deberían hacerlo por medio de la fuerza, esta barbarie no da más espera, este pueblo clama por la solidaridad del mundo.
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