Resumen: El Torneo Plus 50 se convirtió en un escenario para el reencuentro. Viejos amigos volvieron a compartir camerino, mientras las tribunas se llenaban de aplausos para hombres que siguen viendo el fútbol como un proyecto de vida y bienestar
En las canchas renovadas de Campo Amor y La Floresta no solo rodó el balón. También volvió a latir la memoria viva del fútbol antioqueño. Más de 220 deportistas mayores de 50 años participaron en el Torneo de Fútbol Plus 50, una fiesta deportiva que reunió experiencia, disciplina y amor por el deporte, demostrando que la pasión por el fútbol no tiene fecha de vencimiento.

Entre los equipos protagonistas apareció con orgullo el representativo de Andes, llevando sobre sus hombros la historia del Suroeste antioqueño, tierra reconocida por ser cuna de grandes talentos que dejaron huella en el fútbol profesional colombiano. Los jugadores andinos llegaron a Medellín no solamente para competir, sino para recordar que en las montañas cafeteras nació una tradición futbolera que todavía sigue viva en cada barrio, en cada cancha y en cada generación.
El equipo de Andes despertó admiración entre los asistentes por su entrega y sentido de pertenencia. Muchos de sus integrantes COMO WILSON ORTIZ Y CARLOS MARIO PENAGOS fueron protagonistas del fútbol aficionado regional durante décadas y hoy, superando 50 años, continúan defendiendo los colores de su tierra con la misma pasión de juventud. Cada pase, cada corrida y cada celebración fue un homenaje a la historia deportiva de un municipio que ha aportado grandes nombres al balompié antioqueño y nacional.
El Torneo Plus 50 también se convirtió en un escenario para el reencuentro. Viejos amigos volvieron a compartir camerino, mientras las tribunas se llenaban de aplausos para hombres que siguen viendo el fútbol como un proyecto de vida y bienestar. En medio de las jornadas deportivas, el equipo de Andes recordó aquellas épocas en las que el Suroeste antioqueño nutría de talento a clubes profesionales y se consolidaba como semillero de figuras para el país.
La participación andina fue además un símbolo del valor que tiene hoy la inversión en escenarios deportivos. Las renovadas canchas de Campo Amor y La Floresta ofrecieron espacios dignos para que los deportistas disfrutaran del torneo en condiciones adecuadas, fortaleciendo la recreación y el envejecimiento activo.
Más allá de los resultados, el equipo de Andes dejó claro que el fútbol sigue siendo parte esencial de la identidad del Suroeste antioqueño. Allí, donde nacieron grandes deportistas profesionales y donde el balón sigue uniendo generaciones, todavía se juega con el corazón.
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