Opinión

08 de marzo, el primer paso

Este gobierno que pronto acabará nos deja muchas enseñanzas, algunas de ellas brutales. Una, la importancia de las instituciones y de su autonomía e independencia. Las cortes y el Congreso, en particular el Senado, han sido vitales para la defensa del estado de derecho, el imperio de la ley y la Constitución, y para poner freno a las recurrentes y sistemáticas tentaciones autoritarias del inquilino del Palacio de Nariño. Sin esa fortaleza institucional, otro hubiera sido el destino de este sufrido país.

Otra, el exceso de poder de quien ejerce como presidente de la República. Demasiado, está visto. Un presidencialismo exacerbado que debe limitarse en el futuro. No lo notábamos tanto cuando quienes gobernaban tenían límites autoimpuestos por razones éticas o por la comprensión de que sus decisiones debían evitar daños sistémicos al entorno social, político y económico.

Petro ha demostrado que la izquierda es perfectamente capaz de tomar decisiones solo por motivos electorales y sin importar su descomunal costo económico y social. El aumento del 23,7% del salario mínimo, la declaratoria de estados de excepción con el único propósito de saltarse los límites legales (como la veda en contratación durante la ley de garantías), y el abuso del presupuesto a través contratación directa y órdenes de servicio con la única intención de favorecer a sus amiguetes y fortalecer su caudal electoral, son solo tres de muchos ejemplos.

Que la izquierda no tiene pudor o límite alguno cuando de quedarse en el poder se trata, es el tercero. Por cierto, ya deberíamos haberlo sabido cuando se conocieron sus pactos con los grupos criminales para ganar las elecciones. Si habían sido capaces de semejante cosa para alcanzar el poder, deberíamos haber sabido que también podían saquear las entidades estatales para favorecer al gobierno, alentar el asesinato de contradictores políticos, como Petro con Miguel Uribe, o usar todo el aparato gubernamental y el presupuesto con el único propósito de ganar las elecciones.

Cuarto, que hay un sector de la población que olvida con pasmosa facilidad y que es susceptible de burda manipulación. Este gobierno dobló el precio de la gasolina en tres años, lo baja apenas unos pesos unas semanas antes de las elecciones, y miles aplauden. Se salta la ley para subir arbitrariamente el mínimo sin que le importe la quiebra de miles de micro y pequeños empresarios, que aumenten la inflación y el desempleo y crezca aún más la informalidad, y millones lo aprueban.

Despilfarra nuestros impuestos en centenares de miles de contratos de prestación de servicios sin propósito social y sin que los contratados reúnan el más mínimo requisito de conocimiento, competencia y experiencia, y los contratos se vuelven apenas una cifra que se olvida al día siguiente. Y la lista sigue…

Por último, Petro ha dejado en evidencia dos colosales debilidades de quienes estamos en la oposición. Una, la enorme dificultad para articular un relato sencillo y claro que explique a la población lo que está en peligro en estas elecciones y la movilice para defender democracia y libertades. Otra, la incapacidad de mostrarle a los ciudadanos que la ruta socialista, estatizante, que ataca emprendimientos, empresas y sector privado, solo conduce a la pauperización, y que la historia ha comprobado una y otra vez que la única manera de salir del subdesarrollo y la pobreza son la libertad y la economía social de mercado.

Todos los países que en la historia han superado la pobreza, sin excepciones, le han apostado al capitalismo. La izquierda se adueñó del discurso de la pobreza, se le hace aguda la boca hablando de los pobres, pero solo conduce a la miseria. Tenemos que ser capaces de hablar de necesidades básicas insatisfechas y poblaciones vulnerables, de ponerlas en el centro de nuestro discurso, no para hacer populismo sino para mostrar nuestro compromiso en generar las condiciones que permitan que tengan una vida digna y que eso solo es posible con la implementación de nuestras propuestas de capitalismo social.

Las burdas y descaradas estrategias de Petro traen sus frutos. Lo muestran las encuestas. Por eso nada les importa que sus decisiones sean inconstitucionales o ilegales. Para cuando se caen en los tribunales, ya han recogido sus ventajas electorales.

Frente a ese desafío estamos. Colombia nos exige vencerlos, triunfar a pesar de todo. Hay que empezar por este 08 de marzo. Que seamos la mayor fuerza parlamentaria, sin desperdiciar ni un solo voto, y que la Gran Consulta sea ampliamente apoyada. Es el primer e indispensable paso.

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Por: Carlos Mario Cortés Rincón