Resumen: Más allá de las opiniones encontradas, hay algo innegable: una vez más, la nefasta dirigencia del ‘Equipo del Pueblo¨ logró lo que mejor sabe hacer: dividir antes de unir
El nombramiento de Luis Amaranto Perea como nuevo director técnico del Deportivo Independiente Medellín ha vuelto a partir en dos mitades a la poderosa hinchada. Como siempre, con el ‘Medallo’ no hay términos medios: o es fiesta o es velorio.
Un sector celebra con bombos y platillos la llegada del central antioqueño. Ven en él a un referente histórico del club, un hombre con jerarquía y con la experiencia ganada como asistente de la Selección Colombia. Para ellos, Amaranto llega con el suficiente crédito para estabilizar el barco y darle carácter a un equipo que lo necesita con urgencia.
Otros, en cambio, lo miran con el ceño fruncido y lo catalogan como un “experimento riesgoso”. Argumentan que carece de trayectoria como DT en propiedad y que no ha levantado trofeos que respalden su nombre. Para este grupo, el nombramiento sabe más a tiro al aire que a plan estratégico.
Más allá de las opiniones encontradas, hay algo innegable: una vez más, la nefasta dirigencia del ‘Equipo del Pueblo¨ logró lo que mejor sabe hacer: dividir antes de unir. Nombrar a Amaranto antes del Mundial genera más ruido que certezas, porque todos sabemos que un buen papel de Colombia en la Copa del Mundo puede inflar el currículum de cualquier integrante del cuerpo técnico. La vitrina mundialista es implacable… y muy tentadora.
Personalmente, siempre he resaltado la enorme carrera de Amaranto como jugador. Tuvo personalidad, liderazgo y presencia en clubes importantes de Europa y Sudamérica. Como DT tengo mis dudas, es lógico, pero creo que merece la oportunidad. Al menos démosle el chance de trabajar, de armar su equipo y de demostrar si tiene lo necesario para sentarse en el banquillo poderoso.
El verdadero problema no es Amaranto, son los nefastos encabezado por el sobrino presidente que vuelven a caminar por el filo de la navaja. Si los resultados no acompañan al estratega escarlata será nuevamente la excusa para que la poderosa hinchada haga sus reclamos como saben que le duele al mayor accionista.
El primer examen real llegará con las contrataciones. Ahí se le medirá el aceite. ¿Podrá Amaranto exigir y conseguir jugadores de jerarquía o se dejará imponer nombres de segunda mano? Esa será la primera señal de si realmente tiene poder de decisión o solo llegó a cumplir un guion escrito desde arriba.
La eliminación de la Libertadores (con el consuelo de la Sudamericana) y el arranque del nuevo campeonato serán el termómetro definitivo: o le tapa la boca a los escépticos o les da la razón a quienes ya lo tienen en la mira.
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