Se bajó de la moto, cruzó la calle y vació el cargador de su pistola nueve milímetros. La víctima, un ciudadano colombiano, recibió los primeros balazos en la espalda y los últimos dos, en la cabeza. Después, como se acercaba un policía que recorría la zona, el sicario escapó a la carrera. En su huida se deshizo del arma, de los guantes y de una capucha.
La ejecución ocurrió ayer, pocos minutos antes de las 19, en el centro porteño. Los investigadores del caso descartaron que el móvil del homicidio haya sido el robo. Están convencidos de que se trató de un ajuste de cuentas o de un crimen por encargo.
La víctima fue identificada como Carlos Brausin García, de 38 años. Según confirmaron fuentes policiales, se trata de un ciudadano colombiano, que tendría domicilio en el partido de San Martín, en el conurbano bonaerense.
La víctima fue acribillada en Marcelo T. de Alvear, a metros de Talcahuano. Según pudo saber LA NACION, en su poder secuestraron el ticket de una playa de estacionamiento donde había dejado su camioneta 4×4 Honda CRV. Se sospecha que el sicario sorprendió a su objetivo cuando iba a retirar su camioneta importada a la playa de estacionamiento.
«Era imposible no escuchar los disparos. Sonaron muy fuerte y el sonido fue inconfundible», sostuvo Agustín Defago, un joven de 18 años, que vive a metros de donde ocurrió el homicidio.
Los disparos fueron oídos por un uniformado de la comisaría 17a. que hacía tareas preventivas en la zona.
Testigos del hecho dijeron que, al ver al policía, el asesino, en vez de subir a la moto -una Zanella tipo Enduro de 200 cilindradas-, comenzó a correr por Marcelo T. de Alvear, dobló por Talcahuano y continuó hacia la avenida Santa Fe. Ese fue su último rastro.
Algunos testigos contaron que mientras escapaba del policía, el asesino hizo una serie de disparos al aire para amedrentar al agente que lo perseguía y generar pánico entre los peatones.
«En la huida, el delincuente tiró su arma -una pistola Bersa nueve milímetros- debajo de un automóvil. También se deshizo de unos guantes y de una capucha. Después logró mimetizarse entre la gran cantidad de gente que caminaba por la avenida Santa Fe», explicó una fuente oficial.
Algunos investigadores consultados por LA NACION calificaron como «muy profesional» al autor del homicidio. «Sabía lo que hacía», explicaron.
«El hombre asesinado tenía las llaves [posiblemente de su vehículo] en las manos. Estaba bien vestido. Directamente fueron a ejecutarlo», sostuvo otro vecino, Miguel Angel Portela.
Si bien faltan los resultados de la autopsia, en principio, la víctima recibió siete balazos, dos en la cabeza y cinco en otras partes del cuerpo.
«Una vez que hirió a su víctima por la espalda, le disparó en la cabeza para ejecutarlo», sostuvo un testigo que estaba a metros de donde ocurrieron los hechos.
Otro vecino afirmó que cuando el hombre ya estaba en el piso, herido, el sicario le asestó tres o «cuatro tiros, como para rematarlo».
Cuando la ambulancia del Servicio de Atención Médica de Emergencia (SAME) llegó a la escena del crimen, el ciudadano colombiano ya había fallecido.
Los detectives de la Policía Federal intentaban determinar si los hechos fueron registrados por cámaras de seguridad instaladas en la zona.
«En poder de la víctima se secuestraron cinco teléfonos celulares. No es normal que una persona tenga tantos aparatos telefónicos. Para mí que no está limpio «, afirmó un investigador.
Los próximos pasos de los detectives de la Policía Federal, que colaboran con el juez Pablo García de la Torre y con el fiscal Juan Andrés Necol, serán reconstruir los pasos de Brausin García en la Argentina.
Con información de lanacion.com.ar
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