Para quienes han sido constantes siguiendo nuestras columnas, es bien conocida nuestra posición respecto al tema de la educación de los caninos y la responsabilidad que atañe a humanos que comparten con ellos su convivencia. En una de nuestras primeras columnas compartimos una noticia que tuvo mucha resonancia entre aquellos que amamos los animales y fue el caso de los perros de Michael Vick, jugador de baloncesto norteamericano que tenía consigo animales en malas condiciones dedicados a peleas de perros y que fueron decomisados por autoridades sufriendo un proceso complicado de rehabilitación con resultados muy satisfactorios en la gran mayoría de ellos.
Pues bien, traigo a colación dicho artículo por un cortometraje que tuve la oportunidad de ver el día de ayer y que llegó a mi gracias a una amiga amante de los mal llamados potencialmente peligrosos y estudiosa versada en el tema. El corto se llama KITBULL y pertenece al estudio fílmico de animación, PIXAR; Rossana Sullivan, quien lo dirige, dio en punto exacto de lo que muchos consideramos respecto al tema de razas potencialmente peligrosas (PPP)
Lastimosamente la estigmatización ha hecho mella y ¡Claro! es entendible. Nadie quisiera arriesgar ni su salud, ni la vida para hacer frente a una situación impredecible al lado de un peludito al que la vida no ha tratado con justicia; por ello me condolió tanto el cortometraje. ¿Cuántas personas no se amedrentan frente a un PPP, a causa de las noticias de incidentes que se oyen por doquier?
Los humanos, somos los culpables. Nuestra irresponsabilidad ha lacerado inmisericordemente la dignidad de esta especie, el uso irracional de estos animales para peleas, intimidación de grupos, caprichos por el gusto de la raza sin conocimiento de manejo ha hecho que los incidentes y los accidentes hayan arrinconado a estos hermosos seres.
El corto a través de sus ocho minutos refleja todo lo que ellos llegan a padecer, e incluso, le sobra tiempo para resaltar lo mejor que los animales tienen: La lealtad y la conmiseración. El reflejo donde se conjugan el miedo, el hambre, la indiferencia, el maltrato y la cosificación, la evidencia de su cruel realidad. Al final, en medio de toda la desesperanza, un ser humano expone la nobleza de su corazón y se arriesga por ellos, por los protagonistas.
Un perro de raza potencialmente peligrosa es amilanado en su dignidad permaneciendo a merced del frio en una casita de tablas afuera de un local, amarrado y humillado, el perro incapaz de juzgar, bate la cola a su verdugo quien lo tiene consigo solo para ser usado en cruentas peleas de perros; él, el protagonista, no es un buen luchador y ante el dramático resultado de una justa, es arrojado al piso frio y solitario, herido y sin ningún tipo de atención. Allí, aparece su ángel, un gato luchador que aún sin hogar ha hecho creces para valerse por su propia cuenta; este, logra intimidarse ante la presencia del can, pero esto no es obstáculo para compadecerse de él, brindarle compañía e incluso un escape a su tortuosa vida. Arriesgándolo todo, logra halla un hogar al lado de una humana que aunque nerviosa al principio frente a Kitbull, logra abrir su corazón y acogerlo en un hermoso final que logra anegar los ojos y arrugar el corazón. ¿Cuántos Kitbull no mueren solitarios, presas del dolor de heridas mortales proferidas por su propia especie, impulsados por el humano egosita?
Chente Federico es un bull terrier blanco (he escuchado anécdotas frente a esta raza), que llegó a nuestras manos con múltiples lesiones en su cara,
agresivo con otros animales, no con humanos. Una médica nos acompañó en su proceso en el cual nos la jugamos por él; día a día se intervino hacia un proceso de sensibilización ante el cual era reactivo y en ocasiones, lograba dañar a aquellos que intentaban ayudarlo, lesiones involuntarias generadas al interior de su proceso de rehabilitación.
Fue complejo; muchas semanas pasaron, en algunas oportunidades se menguaba la esperanza pero Chente lo logró; aún sabemos de él, vive en un hogar muy feliz y su relación con otros animales mejoró casi en su totalidad.
Otros a diferencia de Chente, no corren con tan buena suerte y terminan eutanasiados, víctimas silenciosas de la argucia humana.
Un etólogo amigo de la Fundación manifestaba la falta de empatía frente al tema de la agresividad de animales; en esto, prima la responsabilidad humana que juega un papel muy importante en la correlación con su temperamento y las actitudes que el canino llega a adoptar en su vida. La raza tiene cierta predisposición, es cierto al igual que la línea genética, pero todo es amortiguable con una adecuada educación.
La raza como tal, no es el factor preponderante, ¿cuántos ataques vienen perpetrados por poodle, pincher y otras razas no catalogadas como PPP?
El conocimiento por parte de las personas acerca de las características de las razas, ¿cuántos adquieren animales sin conocer acerca de sus particularidades solo por capricho o por gusto?
Queridos lectores, se han dado cuenta que en el momento que ocurre un incidente o accidente, siempre conocemos las consecuencias de los mismos, pero jamás nos enteramos acerca de los factores causales que llevaron a ello
Hacemos mucho daño, condenamos de forma indolente a muchos animales, no entendemos sus necesidades, su suplicio, aún nos cuesta dimensionar que en términos de valores, pueden llegar a ser mucho mejor que nosotros, quienes condenamos a quien sea por solventar solamente nuestra propia fortuna. Desafortunados somos de no contar con la nobleza de los animales.
Los invito pues a ver este corto: Kitbull y emitir sus propias consideraciones; estoy segura a muchos, les cambiará su percepción.
PS. Enlace del video: https://www.youtube.com/watch?v=AZS5cgybKcI
Fundación O.R.C.A
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