
Blemios/Cortesía
Cuando Cristóbal Colón descubrió el Nuevo Mundo en 1492, al intentar encontrar una vía marítima más rápida hasta Asia, en Europa era común la creencia en la existencia de un mundo más allá de lo conocido habitado por diversos monstruos, algo que desmintió el descubridor en sus primeros informes.
Aunque muchas cosas eran nuevas para Colón, especies de árboles, animales y frutos, algo que llamó igualmente su atención fue la ausencia de diversas criaturas míticas que había escuchado en relatos: “hemos hallado muchas islas pobladas por un sinnúmero de personas, pero no he hallado ningún hombre monstruoso, como muchos pensaban”.
En la Europa medieval eran muy comunes los relatos sobre criaturas inhumanas, habitantes de tierras lejanas, como blemios (entes con la cara en el pecho), esciápodos (que contaban con solo un pie) y cíclopes, los cuales eran transmitidos oralmente y en manuscritos.
Uno de los personajes que más fomentó este pensamiento fue un caballero inglés del siglo XIV llamado John Mandeville, el cual relató uno de sus viajes al extranjero donde afirmó haber observado todo tipo de criaturas.
Aún se debate si Madeville realmente realizó estos viajes o incluso si alguna vez existió, lo que es seguro es que sus escritos fueron copiados innumerables veces y traducidos a diferentes idiomas, hasta Cristóbal Colón y Da Vinci tendrían una copia.
Incluso después de los informes de Colón, la creencia en la existencia de estas criaturas continuó por mucho tiempo, alrededor de mediados del siglos XVI se publicó un libro del historiador natural, Edward Topsell, quien junto a las descripciones de los animales hallados en el Nuevo Mundo, también adjunto descripciones de criaturas extraordinarias que los habitantes afirmaban haber visto.
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