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¡Viva la historia! Por fin…

Reconozco, acepto y admito que soy lector y ferviente admirador de la obra de Gabriel García Márquez, de quien hoy traigo a la memoria una frase que nos dejó en su obra, Vivir para Contarla: “La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarla”. Cabe […]

Reconozco, acepto y admito que soy lector y ferviente admirador de la obra de Gabriel García Márquez, de quien hoy traigo a la memoria una frase que nos dejó en su obra, Vivir para Contarla: “La vida no es lo que uno vivió, sino lo que uno recuerda y cómo lo recuerda para contarla”. Cabe señalar que en uno de esos tantos reportajes y entrevistas que le hicieron le escuché decir a nuestro Nobel que “…en Colombia se ha contado la historia de los vencedores, falta contar la historia de los vencidos”. Con semejantes frases me quedó muy claro que somos un país sin memoria, por no decir sin historia, esto porque en un abrir y cerrar de ojos todo se nos olvida y pasamos la página con una facilidad inusitada, pareciera como si nada ni nadie nos importara. Triste pero cierto, hasta en las familias se perdió la historia, sí, hace años cuando llegaba una visita a la casa, la abuela o la tía solterona los atendía con el álbum de fotografías contándoles la historia genealógica de uno a uno de los miembros de la familia, con sus aciertos y desaciertos. En resumidas cuentas nuestro país, al igual que nuestras familias, perdieron la identidad, desconocen su pasado.

Hace pocos días, llegó a mis manos la Ley 1874 firmada el 27 de diciembre de 2017, imposible negar que en medio de la alegría que sentí al leer las dos hojas que componen la nueva legislación, vino a mi mente una de esas cosas que uno piensa en voz alta… ¡uh, por fin hicieron algo bueno los “honorables” padres de la patria! Resulta que a partir de la fecha vuelve la cátedra de historia, obligatoria, a nuestros colegios, algo que no ocurría desde que el gobierno de Belisario Betancur Cuartas firmó el decreto 1002 con fecha de abril 24 de 1984, el cual recogió la historia, la geografía y la educación para la democracia, empaquetándolas todas en una sola asignatura llamada ciencias sociales. Treinta y dos años de analfabetismo histórico en nuestros colegios. Pero, fue en 1994, cuando el entonces presidente César Gaviria Trujillo, firmó la Ley 115, o Ley General de Educación, dándole la estocada final a la enseñanza de la historia.

Como hace ya tantos años la asignatura desapareció del pensum de la formación básica, mi pregunta es, ¿quiénes van a enseñar la historia a las futuras generaciones si ya las pocas facultades de educación existentes cerraron las licenciaturas pertinentes? Que no pase con las clases de historia lo que viene sucediendo con las clases de ética, para nadie es un secreto que “cualquier” profesor con ganas, o sin ellas, lo ponen a enseñar ética, dejando una asignatura tan importante en manos de docentes que poco o nada saben del tema, ojalá que con esta nueva cátedra de historia, sepan seleccionar quien se va a encargar de enseñarla. También me pregunto: ¿Qué se va a enseñar? No sería bueno caer de nuevo en esos héroes de papel adornados de batallas y vestidos de súper hombres, tampoco enseñar a recitar fechas, nombres y periodos presidenciales de memoria. La idea es no repetir los errores del pasado con una fórmula fracasada de dictar clases de historia llenando datos y fechas en orden cronológico.

La verdad es que ningún país serio acaba con la cátedra de historia como lo hizo Colombia, tampoco cuentan las cosas amañadas como lo hicieron otrora nuestros manuales o libros de historia.  Indiscutiblemente, la complejidad de nuestro país y por ende el conflicto sangriento de tantos años, solo podrá entenderse si existe una buena visión histórica, relatos contados sin sesgos ideológicos o políticos, donde sólo prime la vedad y nada más que la verdad.  Pero como habitamos un país donde sucede de todo, no será raro que algunos sigan exaltando la figura de Pablo Escobar y todos sus secuaces como próceres de la historia y, que mientras países como Francia, Alemania, Estados Unidos de Norteamérica, entre otros muchos más mantiene un respeto único por su pasado, nosotros sigamos pensando en mantener el conflicto como única forma de alimentar nuestras páginas de historia.

Tal vez nuestros jóvenes no han leído a Herodoto, el padre de la historia, y, poco o nada sepan de sus relatos, bueno, tampoco es necesario que lo sepan, pero sí que vayan construyendo una identidad que los acerque a la realidad nacional. Ahora, no se trata tampoco de hacer microhistorias y de pensar que cada quien en su rincón tiene su propia verdad, no, la historia es única y general, bien contada y argumentada.

Para finalizar quiero decir que soy un afortunado al haber tenido en mis cursos de historia, en pregrado, una maravillosa profesora graduada en Francia de quien aprendí lo importante que es la historia para los franceses, de ahí la cátedra “historia de las mentalidades” en la cual asimilé muchas cosas y pude entender lo importante que es la memoria al momento de pensar en construir el futuro, allí leímos un libro sensacional que leo y releo, el cual quiero recomendar: “Historia de la mierda” de Dominique Laporte, publicado en 1978.

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Redacción Minuto30

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