
Kim Jong-Un. EFE.
Un grupo de desertores norcoreanos ha denunciado las consecuencias de la contaminación radioactiva en el lugar en el que Corea del Norte realiza las pruebas de sus armas nucleares. Bebés con mal formaciones, vegetación son vida y pozos secos es lo que se ve en la zona de las instalaciones militares de Punggye-ri, en el condado norcoreano de Kilju.
Allí, las Fuerzas Armadas de ese país han detonado cinco bombas en el marco de sus ensayos nucleares.
Las denuncias fueron reveladas al diario surcoreano ‘Chosun Ilbo’ por 21 personas que solían residir en esa región, y que decidieron escapar del régimen de Kim Jong-Un.
De acuerdo con su testimonio, cerca del 80% de los árboles plantados en esa zona han muerto, mientras que algunas especies de peces y de hongos se han extinguido.
Tras el último ensayo nuclear, que alertó a la comunidad internacional este septiembre, los pozos de agua se han secado según el relato de los exiliados.
Además, indicaron que los niños que nacen allí presentan mal formaciones. “He escuchado por parte de un pariente de Kilju que los bebés nacidos en los hospitales locales presentan deformidades”, indicó uno de los denunciantes, según resalta el portal RT.
Otro de los testimonios indica que “solo los familiares de militares son evacuados hacia refugios subterráneos durante los ensayos, mientras que el resto de la población no recibe ningún tipo de advertencia por parte de las autoridades”, informa el portal según el relato de un exresidente que estuvo presente en dos ensayos nucleares.
Así mismo, a los residentes de la zona no les es fácil salir de allí. AL parecer, las autoridades niegan la entrada de estos ciudadanos a la capital de Corea del Norte. Además, quienes salen de Kilju son examinados para que eviten llevar consigo muestras del suelo de la zona, agua o vegetación.
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