Sao Paulo, está que arde: el mes de enero más caliente desde 1943 ha obligado a sus ciudadanos a cambiar de hábitos e incluso de forma de vestir, abandonando el traje y la corbata que marcan el ritmo imparable de la capital económica de Brasil.

Los hábitos paulistanos han sido alterados, por ejemplo, en la empresa de tecnología Totvs, donde los empleados han recibido con alivio el fin de la obligatoriedad de usar traje a raíz de que algunos de los termómetros de la ciudad tocaran los 40 grados.
«El momento que vivimos con este calor impulsó un cambio en nuestro modo de vestir», narró Cristiano Brasil, director de Recursos Humanos de Totvs.
Según el Inmet, el fuerte calor en Sao Paulo se debió a la formación de un sistema de alta presión que quedó «semi-estacionado» en la región sur y sureste vinculado a la falta de humedad, que permaneció en el sur amazónico en dirección a Paraguay y Bolivia.
La situación impidió que se formara la llamada «Zona de Convergencia del Atlántico Sur», responsable de los días más lluviosos en esta época del año y famosa por causar inundaciones en las calles de Sao Paulo.
El clima seco ya afecta a los niveles de los reservorios de agua en Sao Paulo y sus alrededores, que corren el riesgo de sufrir un racionamiento en los próximos meses.
Según el Inmet, en enero se registró la menor humedad para el mes de los últimos 29 años, 21,4%, justamente en Sao Paulo, conocida como «la tierra de la garoa (llovizna)» y por experimentar las cuatro estaciones en apenas un día.
La empresa estatal paulista Sabesp, responsable del abastecimiento de agua en la región, emitió un comunicado de alerta el 28 de enero sobre una caída de los recursos a su menor nivel en diez años y pidió a la población que redujera el consumo de agua.
Uno de los reservorios, en la región norte de la ciudad, en la Sierra de la Cantareira, con capacidad para casi 1 billón de litros, está en un nivel considerado crítico, ya que trabaja al 22% de su capacidad, el peor en 39 años.
Para Cristiano Brasil, con o sin cambio climático, las empresas comienzan a abandonar la formalidad en los días insoportables, adaptando la forma de vestir de sus empleados.
«Creo que esto puede ser una tendencia en empresas que entiendan lo que las nuevas generaciones demandan. Puede ocurrir en empresas que vean la necesidad de caminar con las nuevas generaciones y que tengan apetito innovador», explicó.
Los empleados de su empresa, reveló, fueron a trabajar con una satisfacción «notoria» tras ser liberados de la corbata. Sao Paulo, EFE.-
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