Fabio Alberto Rocha González recibió medida de aseguramiento consistente en detención preventiva en establecimiento carcelario por haber ordenado que asustaran a su esposa apuñalándola. El objetivo de la agresión era que no dejara la relación afectiva que tenían desde diez años atrás.

Al centro asistencial llegó Rocha diciendo que la agredida era su esposa. Allí lo reconoció el investigador de policía judicial que atendió el caso en el lugar en que la mujer cayó herida porque lo había visto durante el momento en que la mujer era recogida para llevarla al centro asistencial.
En el hospital, su teléfono celular sonó muchas veces sin que él respondiera, por lo que el investigador le indicó que lo contestara o dejara la clínica por el ruido que hacía el aparato. El policía incluso se ofreció a contestarle el aparato para que pudiera hacer lo que tenía pendiente,
De nuevo entró una llamada telefónica y ahí sí contestó el policía, que escuchó claramente una voz que decía “hola cucho, entonces el resto de la plata cuando me la da, pues de lo contrario le cuento a la familia que usted mandó que la apuñalara”. Por esto, Rocha le explicó al uniformado que solo pretendía asustar a la mujer.
Según la investigación, el imputado, quien aceptó el cargo, pagó al homicida la mitad 250 mil pesos y quedó de pagar el resto después del hecho. Varias veces, Rocha González fue al barrio Las Lomas, al sur de Bogotá, para contactar a los asesinos.
La Fiscalía dijo que el imputado sí conocía a quienes atacaron a la mujer. Al parecer, la motivación fue la decisión de la mujer de abandonarlo debido a las repetidas peleas que por celos Rocha le planteaba luego de que ella ingresara a estudiar al Sena.
La pareja alcanzó a vivir diez años juntos y tienen una hija de ocho años de edad. Al final de la audiencia, el juzgado consideró al hombre un peligro para la sociedad y lo envió a la cárcel.
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