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La salida de Amaranto

Por: Mauricio Correa

La salida de Amaranto
La salida de Amaranto

Resumen: Mauricio Correa recrea una charla con el tío Vanegón sobre si el DIM debe sacar a Amaranto Perea ahora o sostener el proceso a pesar de las dudas.

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Al día siguiente de la dolorosa derrota ante el Internacional de Bogotá, en la que el equipo jugó con un hombre de más, me encontré muy temprano en los alrededores del estadio Atanasio Girardot con el tío Vanegón. Estaba sentado en una de las bancas de la zona de los hinchas, con una vieja camiseta del ‘Medallo’, el sombrero un poco ladeado y esa mirada de quien ha visto mil batallas. Me invitó a sentarme con un gesto de mano y un “¿qué más, Mauro?”. No hacía falta mucho para saber de qué íbamos a hablar. El ambiente alrededor del equipo estaba caliente, y el nombre de Amaranto Perea flotaba en todas las conversaciones.

—Tío, hay que hablar claro —le dije—. Amaranto debe salir. No se le ve una estructura sólida al equipo. Hay mucha improvisación. Uno mira los partidos y no entiende bien qué está proponiendo. Siendo defensa, no logró fortalecer la zaga. Y lo más grave: no se percibe una idea clara de juego que ilusione. La poderosa hinchada ha perdido toda la confianza. Cuando se pierde la confianza, el proceso se vuelve cuesta arriba.

El tío Vanegón se rió por lo bajo, esa risa que usa cuando quiere suavizar un golpe.

—‘Mauro’, usted habla como quien quiere soluciones rápidas. Sacar un técnico a estas alturas es volver a empezar. Y en este campeonato, con lo que ya se ha jugado, no es recomendable. Mire las lesiones de jugadores clave. Eso no se arregla con un cambio de nombre en el banquillo. Además, el Cha Cha Chá puede aportar, y el regreso de Quintero es un oxígeno enorme. A veces hay que darle tiempo a las piezas que llegan para que encajen.

—Pero el tiempo no es infinito, tío. El hincha ya no siente que hay un plan. Improvisar en la cancha se siente, se ve. La defensa sigue sufriendo, el equipo no transmite seguridad y la ilusión se ha ido diluyendo partido a partido. Un técnico tiene que generar certezas, no más dudas.

—Y un hincha tiene que entender que los procesos no son lineales —replicó él, señalándome con el dedo—. Cambiar ahora es apostarle a la incertidumbre otra vez. ¿Y si el nuevo técnico tarda en acomodarse? ¿Y si las lesiones siguen pesando? Quintero y el Cha Cha Chá pueden ser el diferencial, pero necesitan un entorno que no se reinicie cada dos meses. A veces la paciencia es la única estrategia que queda.

Nos quedamos en silencio un rato. El sol ya empezaba a asomarse en el oriente y el Atanasio se veía más grande, más vacío. El tío Vanegón se puso de pie, se acomodó el sombrero y me dio una palmada en el hombro.

—Usted tiene sus razones y yo las mías. Pero al final el que decide no es ni el periodista ni el hincha de toda la vida. Es el tiempo y los resultados. Y el hincha… el hincha siempre paga el precio de las decisiones.

Me quedé sentado un poco más. Pensé en la estructura que no se ve, en la improvisación que se siente, en las lesiones que duelen, en el regreso de Quintero y en lo que puede aportar el Cha Cha Chá. Pensé también en la confianza perdida y en el costo de volver a empezar.

La pregunta queda abierta, como debe ser en estas cosas: ¿es recomendable sacar a Amaranto en este momento o conviene sostener el proceso a pesar de las dudas? Cada hincha tendrá su respuesta. Lo único seguro es que el DIM no aguanta más medias tintas.

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Redacción Minuto30

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