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De «origen humilde» a cobrarle al pueblo

Por: Ariana Mira

Publicado por: Minuto30.com

ariana mira
De «origen humilde» a cobrarle al pueblo

Resumen: Decirlo genera empatía. Hablar de las dificultades de la vida, de haber empezado desde abajo, de conocer las necesidades de la gente

Este resumen se realiza automáticamente. Si encuentra errores por favor lea el artículo completo.

La valorización tiene memoria. Y los discursos de campaña también.

Hay frases que en política deberían tener consecuencias.

Una de ellas es aquella con la que algunos políticos construyen su historia: “soy de origen humilde”.

Decirlo genera empatía. Hablar de las dificultades de la vida, de haber empezado desde abajo, de conocer las necesidades de la gente, puede convertirse en una poderosa promesa de representación.

Pero entonces llega el momento de votar.

Y es ahí donde uno se pregunta si realmente se sigue recordando de dónde se viene.

Hoy los antioqueños tienen razones para hacerse esa pregunta frente al diputado Julio César Restrepo Escobar, especialmente después de la aprobación en la Asamblea de Antioquia del Proyecto de Ordenanza 37 de 2026, que abre la puerta a financiar determinadas obras mediante contribución de valorización.

Porque una cosa es hablar de las necesidades de la gente durante una campaña y otra muy distinta es sentarse en una corporación pública y tomar decisiones que terminan teniendo efectos sobre el bolsillo de los ciudadanos.

Y aquí hay algo que me parece todavía más grave: la memoria política.

Julio Restrepo es un político de Itagüí. Fue concejal y posteriormente llegó a la Asamblea de Antioquia. En 2023 obtuvo 22.054 votos para llegar a la corporación departamental.

Pero la pregunta para nosotros, los itagüiseños, es sencilla:

¿Qué ha hecho realmente por Itagüí?

Porque representar a un municipio no debería reducirse a tener una curul, aparecer en fotografías o votar proyectos en Medellín.

Representar a Itagüí significa gestionar, defender sus intereses, conseguir recursos, poner sus problemas sobre la mesa y hacer que el municipio tenga voz en el departamento.

Y si además se llega a una posición de poder gracias al respaldo de un jefe político que acompañó su carrera desde el Concejo hasta la Asamblea, la política también exige algo que hoy parece cada vez más escaso: lealtad.

No hablo de obediencia ciega.

Hablo de memoria.

De gratitud.

De no olvidar quién estuvo cuando todavía no había curul, ni oficina, ni poder.

Porque en política algunos olvidan demasiado rápido quién les abrió la primera puerta.

Y aquí es donde recuerdo una frase que circula estos días y que, aunque puede incomodar, resume perfectamente la reflexión:

“Jesús no humilló al ladrón ni a la adúltera, pero sí a los falsos y a los hipócritas. Fingir santidad es más delicado de lo que crees.”

No se trata de llamar ladrón a nadie.

Se trata de algo mucho más sencillo: la coherencia.

Si durante años se construye un personaje político alrededor de la defensa de la gente humilde, de la cercanía con el pueblo y de haber conocido las dificultades desde abajo, entonces resulta legítimo preguntarle a ese mismo dirigente:

¿Dónde quedó esa gente cuando llegó el momento de votar?

Porque la valorización no es una palabra bonita en un documento de la Asamblea.

Para quien tenga que pagarla, es plata, así sea estrato 4-5-6.

Es una obligación.

Es un costo que llega a la casa, al negocio, al patrimonio construido durante años.

Y por eso no basta con decir que las obras son necesarias. Claro que Antioquia necesita vías. Claro que necesita infraestructura. Nadie discute eso.

La discusión seria es quién paga, cuánto paga, cómo se calcula, quién resulta beneficiado, qué estudios respaldan la decisión y por qué el Estado no encuentra otras alternativas de financiación.

Incluso la discusión dentro de la Asamblea ha dejado preguntas importantes. Diputados opositores han cuestionado el impacto que puede tener el mecanismo sobre campesinos, pequeños productores y familias, así como la suficiencia de los estudios y la claridad sobre la financiación.

Y hay otra pregunta que no podemos dejar pasar

¿Qué pasó con el gobernador que durante la campaña decía una cosa y hoy termina haciendo otra?

La controversia no es inventada. El Colombiano reportó que Andrés Julián Rendón había dicho durante la campaña de 2023 que no acudiría a la valorización para ejecutar obras. Hoy su administración impulsa un mecanismo de financiación mediante valorización y lo justifica en el rezago histórico de infraestructura vial de Antioquia.

Entonces la pregunta política es inevitable:

¿Qué cambió?

¿Cambió Antioquia?

¿Cambió la situación fiscal?

¿Cambió la necesidad de hacer las obras?

¿O cambió la manera de gobernar después de ganar las elecciones?

Porque gobernar también significa responder por las promesas.

Y si además existe una intención de dejar un sucesor político, la pregunta es todavía más incómoda:

¿Qué Antioquia se pretende entregar?

¿Una Antioquia con mejores vías y con mayor capacidad de infraestructura?

Perfecto.

Pero también:

¿Una Antioquia con más cargas para sus ciudadanos?

¿Una administración que prometió no utilizar la valorización y terminó utilizándola?

¿Y una estructura política que pretende perpetuarse dejando la factura de las decisiones de hoy para que otros la paguen mañana?

Eso también hace parte del balance.

Porque un gobierno no se mide solamente por las obras que inaugura. También se mide por las cargas que deja.

Y aquí vuelvo a Julio Restrepo.

Al hombre que llegó desde Itagüí.

Al político que tantas veces habló de su origen humilde.

Al diputado que hoy tiene la responsabilidad de explicarles a los antioqueños, y especialmente a los itagüiseños, por qué esta era la decisión correcta.

No basta con levantar la mano.

No basta con decir que las vías son necesarias.

No basta con repetir el discurso de la seguridad o del desarrollo.

Hay que dar la cara.

Porque cuando un ciudadano paga, el político que votó también debe responder.

Y porque la política puede tener muchas versiones de la lealtad, pero hay una que nunca debería desaparecer:

no olvidar de dónde se viene, quién ayudó a llegar y, sobre todo, a quién se dijo que se iba a defender.

Esta es una versión más de: Se tenía que decir.

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Redacción Minuto30

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