Resumen: Las compras en volumen no son nada nuevo en este negocio, ya que muchas se destinan a donaciones o decorados, pero las de las últimas semanas, en particular, despertaron el interés de los conocedores del tema
El rumor sobre aquellas compras misteriosas venía esparciéndose boca a boca por los rincones de todas las librerías de segunda mano y anticuarios del Reino Unido desde hace ya un par de meses. Por ello a nadie sorprendió cuando a los mismos se sumaron testimonios de libreros desconcertados en locales de Nueva York y Dublín, entre otras ciudades, donde órdenes similares se comenzaron a recibir con una cada vez más inquietante regularidad. De aquel collage de voces surgió, entonces, un confuso patrón que, tras los eventos más recientes, ahora parece tener todo el sentido: alguien estaba comprando cantidades industriales de libros de ocasión sin criterio aparente y eso no sólo resultaba de lo más sospechoso, sino que inmediatamente se convertía en el indicio de que algo malo estaba ocurriendo.
Las compras en volumen no son nada nuevo en este negocio, ya que muchas se destinan a donaciones o decorados, pero las de las últimas semanas, en particular, despertaron el interés de los conocedores del tema por lo súbitas de su aparición y lo ecléctico del catálogo elegido. Desde temas que no guardaban la más mínima conexión entre sí, siendo algunos de ellos excepcionalmente de nicho, hasta una selección que abarcaba diversas décadas de publicación, los libreros más espabilados armaron el rompecabezas con las piezas de cada nuevo pedido hasta llegar a la inevitable conclusión de que el cliente al otro lado del computador no era humano, sino que se trataba de un bot programado para rebuscar en sus inventarios y echar al carrito la más variopinta colección de títulos posible.
Esta hipótesis viene cogiendo carrerilla en los mentideros culturales del planeta tras la estremecedora revelación de The Washington Post en enero de este año sobre el Proyecto Panamá, la iniciativa de Anthropic, la compañía tras Claude, competencia directa de ChatGPT, para escanear y destruir millones de libros con la intención de entrenar a sus modelos de IA. Una práctica que ha sido confirmada tras la reciente investigación del portal 404 Media, que introdujo un mecanismo de rastreo en uno de estos grandes pedidos para seguirlo durante semanas hasta un almacén de Amazon en Las Vegas que se utiliza para el mismo cometido ¿El problema? Que varios de esos títulos son obras raras, descatalogadas y prácticamente inaccesibles que se perderán para siempre por la voracidad corporativa de algunos pocos.
La paradoja que nos deja esta situación es que la IA necesita textos reales producidos por humanos para fabricar basura hecha por máquinas (y, por esto, los ejemplares previos a 2022 son los más valiosos), pues si se entrena con material escrito por sí misma u otras IAs el resultado es lo que se conoce como el “Colapso del Modelo”, una degeneración de las respuestas que tiende hacia el error y el simplismo por la pobre riqueza lingüística del contenido con el que se le alimenta. Una amenaza teóricamente inevitable al ritmo al que avanza esta tecnología, merecedora de una discusión aparte, pero que pone en valor el inconmensurable tesoro que son las defectuosas letras humanas, aún siendo éstas hermosamente imperfectas.
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