Resumen: Con la expansión del llamado socialismo del siglo XXI, América Latina vivió un giro político hacia la izquierda. Colombia fue uno de los últimos países de la región en experimentar esa transformación, pero finalmente el péndulo también llegó.
Hasta la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia de Colombia y el desgaste político que acompañó los primeros años de su gobierno, buena parte del debate público parecía haber convertido la defensa de las ideas tradicionales en una especie de postura incómoda.
Durante años, una generación de jóvenes encontró en los discursos progresistas y colectivistas una identidad política dominante, especialmente en los medios de comunicación y en las redes sociales. Frente a ese escenario, muchos dirigentes y aspirantes políticos evitaban ubicarse claramente en la derecha y preferían refugiarse en una zona intermedia, bautizada como “centro”, donde convivían la moderación discursiva y cierta distancia frente a los valores tradicionales.
Pero mientras muchos buscaban no definirse, una mujer llevaba años expresando sin ambigüedades su visión del país: María Fernanda Cabal. Para sus seguidores y para sus contradictores, Cabal representó una derecha que dejó de pedir permiso para existir.
Con la expansión del llamado socialismo del siglo XXI, América Latina vivió un giro político hacia la izquierda. Colombia fue uno de los últimos países de la región en experimentar esa transformación, pero finalmente el péndulo también llegó.
Después de la pandemia, en medio de una ola de protestas sociales que recorrió varios países latinoamericanos, comenzó a tomar fuerza otro discurso: uno que cuestionaba el rumbo progresista, reivindicaba el orden, la seguridad, la libertad económica y los valores tradicionales. El fenómeno Jair Bolsonaro en Brasil, el cierre de la administración de Donald Trump en Estados Unidos y la aparición de Nayib Bukele en El Salvador alimentaron una conversación regional sobre el rumbo de las democracias.
El péndulo político parecía iniciar un nuevo movimiento.
Cuando la carrera presidencial colombiana comenzó a tomar temperatura en 2025, diferentes sectores reconocían en María Fernanda Cabal una de las voces más coherentes de la derecha nacional. En una entrevista con Camila Zuluaga, incluso fue señalada como una de las figuras con mayor identidad doctrinal dentro de ese espectro político.
Sin embargo, la política rara vez permanece estática. Nuevas figuras comenzaron a ocupar espacios dentro de esa misma corriente: Abelardo de la Espriella apareció como una voz emergente con un estilo propio, mientras Miguel Uribe Turbay se consolidaba como una figura joven que buscaba representar una nueva generación política.
Mientras la izquierda organizaba sus referentes nacionales e internacionales a través de escenarios como el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, sectores de derecha fortalecían sus propios espacios de encuentro, entre ellos la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), el Foro Madrid y otros escenarios de debate internacional.
Allí aparecía Cabal como una de las representantes colombianas más visibles de esa corriente, compartiendo espacios con líderes y referentes conservadores internacionales como Santiago Abascal, José Antonio Kast, Eduardo Bolsonaro, Javier Milei y otros exponentes de esa visión política.
Y es que una de las diferencias que muchos observadores identifican entre ambos espectros políticos está precisamente en la relación con la identidad ideológica. Mientras sectores de izquierda suelen defender la idea de que la transformación política justifica diferentes formas de acción, la derecha tradicional reivindica conceptos como la coherencia, la institucionalidad, la familia, la libertad y la defensa de principios permanentes.
Desde esa perspectiva, muchos esperaban que Cabal tomara el camino de una candidatura independiente. Sin embargo, decidió mantener su compromiso con el partido que ayudó a construir junto al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esa decisión, que para algunos fue una muestra de lealtad, también evidenció una tensión profunda: el Centro Democrático ha sido una fuerza amplia, donde conviven sectores de centro y derecha, y esa diversidad interna terminó influyendo en la definición de su camino presidencial.
Cabal lo había expresado en alguna ocasión al referirse al expresidente Uribe: “Uribe tiene su corazoncito mamerto”. Más allá de la frase, allí se reflejaba una diferencia de matices dentro de un mismo proyecto político: mientras algunos defendían una visión más pragmática y amplia, otros reclamaban una identidad ideológica más definida.
Hoy, la representación más visible de la derecha colombiana parece desplazarse hacia Abelardo de la Espriella, quien, con un estilo particular, una comunicación directa y una estética política diferente ha tomado banderas asociadas a la defensa de la vida, la libertad, la propiedad privada, la seguridad y el orden.
Porque en política hay una regla que pocas veces falla: el poder no se entrega, se conquista.
Ahora corresponderá al electorado y a los analistas evaluar qué tan fiel será esa nueva representación a los principios que históricamente han defendido los sectores de derecha. Pero mientras ese proceso avanza, permanece vigente una figura que durante más de una década asumió sin temor la defensa de esas ideas, incluso cuando hacerlo parecía políticamente inconveniente.
Porque, más allá de acuerdos o desacuerdos, hay una realidad difícil de negar: en la historia reciente de la derecha colombiana, una palabra adquirió significado propio.
Cabal.
Y quizá el futuro político de Colombia todavía tenga reservado un escenario donde esas ideas puedan expresarse en su versión más coherente, doctrinal y definida. Allí, quienes han visto en María Fernanda Cabal la representación más íntegra de la derecha colombiana seguirán esperando el momento en que su voz vuelva a ocupar el lugar que, para muchos, nunca dejó de merecer.
- Compartir:
- Compartir en Facebook
- Compartir en X (Twitter)
- Compartir en WhatsApp
- Comentarios