Resumen: La desaparición del formato físico traerá consigo la inevitable muerte del mercado de segunda mano, pues ya no será posible revender ni prestar los videojuegos del futuro
Dos noticias consecutivas de la misma fuente (Sony, el fabricante de la PlayStation) han desatado ondas sísmicas en la industria del videojuego esta semana: por un lado, que a raíz de la expiración de los convenios para su distribución, a partir de septiembre la compañía eliminará 551 películas de las bibliotecas de usuarios que las “compraron” en su momento y, por el otro, que a partir de 2028 dejará de producir discos físicos de videojuegos para su consola, por lo que todo contenido futuro deberá descargarse de manera digital. Más allá de las afectaciones directas que estas novedades tendrán sobre el público gamer y su industria de casi doscientos mil millones de dólares, lo más importante es lo que ambas nos enseñan sobre la progresiva desmaterialización del presente.
Nos lo advirtió muy claramente un lustro atrás Byung-Chul Han, nuestro filósofo coreano de cabecera, cuando en su fabuloso ensayo “No-Cosas” esbozó los problemas metafísicos que acarrea consigo la digitalización cada vez más inminente del mundo. La transmutación de la cultura y el arte en meros conjuntos de datos que pueden migrar entre plataformas con simples clics de ratón pone en peligro el formato físico y su rol como asidero de nuestra realidad. El fenómeno que empezó con la extinción de las fotografías en papel ha permeado la esfera de los videojuegos y será cuestión de tiempo para que el mismo se expanda a otros mercados que sobreviven con respiración artificial como la venta de películas en DVD o de música en CD.
Estas decisiones también tendrán connotaciones económicas de gran relevancia. Primero, no debería sorprender a nadie que Sony se enfrente a demandas colectivas en los Estados Unidos y Europa impulsadas por consumidores a los que se les cobró una licencia de uso temporal y revocable a precio de producto físico nuevo (mismo dilema de los libros electrónicos hoy en día, donde la simplificación del formato no ha abaratado sustancialmente el precio final). Aquí se someterán a escrutinio los límites del verbo “comprar” y comprobaremos hasta dónde se le puede seguir llamando así a una transacción en la era del Internet por medio de la cual realmente no estás adquiriendo la propiedad sobre nada y, por el contrario, pueden despojarte del acceso en cualquier momento y sin ningún tipo de indemnización.
Segundo, la desaparición del formato físico traerá consigo la inevitable muerte del mercado de segunda mano, pues ya no será posible revender ni prestar los videojuegos del futuro. La supremacía definitiva de la descarga digital como mecanismo único de acceso al producto creará un ecosistema cerrado que acabará con el típico canibalismo de las versiones anteriores o las copias usadas y limitará casi por completo la competencia que puedan hacerle a Sony terceros como las grandes superficies mayoristas o sitios de comercio online como MercadoLibre. Un nefasto monopolio que incentiva las conductas anticompetitivas y que históricamente sólo ha acarreado un aumento de los precios en detrimento de los usuarios.
Es un hecho innegable que la materialidad del entretenimiento se está evaporando y, de paso, nosotros nos desvanecemos también con ella.
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